MIRA AL HORIZONTE

ESTE, ES UN BLOG DE SUEÑOS Y DE ALEGRIAS, DE CARRERAS, DE RUTAS Y DE ILUSIONES, TAMBIEN DE NOSTALGIAS, DE NUBES QUE AVANZAN RAUDAS JUNTO AL MAR, DE SOLES QUE CUBREN CIELOS ENCAPOTADOS, DE RISAS Y DE MISTERIOS, DE VIEJAS HISTORIAS DEL PASADO, DE ILUSIONES PERDIDAS Y DE OTRAS ENCONTRADAS, DE ENCRUCIJADAS JUNTO AL VIENTO EN LA FRONTERA MISMA DE LA VIDA...ESTE ES UN BLOG PARA EL QUE QUIERA CORRER, LEER, ESCUCHAR E IMAGINAR.

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lunes, 8 de agosto de 2016

EL HUMEDO ESCAPARATE DE FLORES

Una mañana, en la pequeña floristeria del centro de la ciudad...


Con cierta pereza, Ñito cortó unos cuantos tallos y dejó las enormes tijeras de podar en el cajón del mostrador. Había tallos muy largos, demasiado largos, tan robustos y tan fuertes que crecían como si quisieran escapar de los demás huyendo hacia el cielo. Pese a la gran pereza que le dominaba, Ñito cortaba los tallos con espíritu encomiable, todos debían estar igualados y perfectamente alineados, como si de un pequeño ejercito de finos palitos de igual condición y rango se tratara. Cuando terminó con los tallos, Ñito se concentró en las macetas, con las manos y con gran delicadeza, las limpió y las dejó vacías de hojas secas, luego, comenzó a barrer. Instintivamente, y mientras se paseaba por la tienda con la escoba de paja entre sus manos, Ñito acarició una de los hojas, tal vez la mas grande, su tacto era suave y terso, y tenía una fina pelusilla blanca que cubría toda su superficie. A Ñito le encantaba acariciar las plantas con las yemas de sus dedos, y lo hacía con gran deleite, como si entre las plantas y él existiera algo mas que ese cariño simple e inocente, el cariño que queda exento de cualquier atadura moral o física..

                                                                    ***

Puedo hablar con las plantas, ...en la quietud, las escucho, hablan un idioma susurrante, difícil de captar, como un bisbiseo, pero yo lo capto. Cuando están tranquilas, emiten pequeños sonidos, leves chasquidos al chocar unas hojas contra las otras, y se mueven, ¡Si, se mueven!, ¡Esto es algo científico!, son seres vivos en continuo crecimiento que se desarrollan como cualquier otro, muy lentamente. Yo puedo ver ese proceso, o al menos, puedo imaginarlo, como si fuera una cámara de video, activo el “avance rápido” y acelero la visión; crecen los brotes, algunos capullos se hinchan y se abren convirtiéndose en flores y las hojas secas se desprenden tristemente cayendo al suelo. Es como ver un programa de televisión del Nacional Geografic, dejo la cámara fija en un punto y veo como la vida pasa muy rápido; un chispazo y...¡zas!


                                                                     ***

Un poco aburrido, Ñito dio dos o tres vueltas mas por interior de su tienda, luego, se acercó al escaparate y sin darse cuenta, puso las manos en el cristal dirigiendo su mirada a la calle, pero no pensó en nada, pareciera como si la escoba, además de las hojas secas del suelo, hubiera barrido también sus pensamientos, solo sus ojos eran capaces de seguir con parsimonia el lento transitar de algún viandante...Poco después, dando lentos pasitos, se dirigió al fondo de la tienda, a la parte mas profunda, un espacio reducido y frío, muy húmedo, donde apenas llegaba la luz y todo estaba siempre oscuro, Ñito se detuvo allí un instante, observó a su alrededor y lanzó una mirada global a todo lo que le rodeaba, como si mostrara el control de sus dominios a su propio cerebro. Poco después se alejó de allí y salio al rellano para inspeccionar la ciudad, permaneció allí unos cinco minutos, meditando, observando... su mente parecía ahora mas despejada, como el cielo que emerge limpio, barrido de nubes, después de una tormenta. Por fin, cuando se cansó de todo esto, regreso al mostrador y se sentó tras él. 
En la parte central de la floristeria, enfrente mismo de la trastienda, Ñito tenía una silla diminuta, perfecta para un colegial de unos seis o siete años de edad, era metálica y con el respaldo de madera ennegrecido, no era una silla cómoda, mas bien todo lo contrario, aunque si acogedora, debido a su aspecto, parecía una planta mas, el oxido semi-verdoso le infería un toque silvestre y su tacto era pegajoso y rugoso como el de algunos helechos. Aquella silla era el mejor punto de observación de la tienda, sentado en ella, en el centro exacto de la floristeria, todo quedaba bajo un amplio espectro visual. 

Alrededor de Ñito, en la pequeña floristeria del centro de la ciudad, no hay mas que plantas; enormes ficus, cactus de aspecto agresivo, rosales de todo tipo, modelos para centros de mesas, maceteros, orquídeas, claveles frescos, narcisos jóvenes, crisantemos vagamente dorados... siempre huele a tierra y a humedad, pero el ambiente es fresco y apacible. Allí dentro, en el pequeño mundo de flores de Ñito, el tiempo no pasa, solo se desplaza al ritmo de un caracol...

                                     
                                          pequeña floristeria del centro


Continuara...

martes, 2 de agosto de 2016

EVA Y LA GRIETA

Turno de noche en el Hospital General de Valencia, justo en la parte baja de la ciudad, muy cerca del nuevo cauce del río... 



Nunca le había dado demasiada importancia, ¡Son cosas que pasan!, solo suceden, están, lo mejor es ignorarlas como si no existieran, no hacerles caso, dejarlas pasar....

Desde entonces, no puedo.

Desde aquel día eterno del mes de febrero, las cosas invisibles rivalizan con las visibles convirtiendo en palpable, todo aquello que, por su naturaleza, no debería estar ahí, o tal vez si, no lo sé...No escucho nada, solo un pellizco en los limites de la intuición y un dedo impreciso arañando mi frente, entonces, algo empuja mis ojos que se detienen en un punto muy concreto, ¡y ahí está!, una alargada sombra que se extiende como un borrón sobre el papel blanco, la chispa de un segundo, un instante robado al transito global del tiempo en el universo, la veo, como quien ve una ola gigante acercándose a la playa, capaz de imponer con su presencia un halo maligno e hipnótico.

Antes, solo hubiera sentido un leve rubor, un escalofrío o un algo irreconocible visto a través del rabillo del ojo, ahora, desde hace un tiempo, desde aquel día lluvioso y triste, veo una sombra, autentica, reconocible, real como las estrellas que cuelgan del cielo en las noches mas abiertas del verano, no se cuando cambio la percepción, o si la provoca algún tipo de matiz de la realidad que solo yo puedo ver, o algo interno que subyace en los puntos mas desconocidos de mi propio ser. No hay explicación, no es nada, solo, está ahí, una mancha negra y con ella, una descarga de electricidad y un latigazo muy fiero en la boca misma del estómago, allí donde las tripas se juntan con la esencia que nos hace seres humanos. No hay miedo, ¡que extraño!, ¿acaso curiosidad?...un poco.

Suspiro profundamente y... se va.


Otras compañeras también han visto algo, cosas extrañas que cada una interpreta a su manera; algunas se ríen sin darle importancia utilizando la ignorancia como una útil y eficaz defensa, otras, reconocen lo evidente dejando a la interpretación de su imaginación las causas últimas de aquello...y algunas mas, no ven nada, o eso dicen, y apenas muestran interés por esos temas, ¡cosas del estrés o del cansancio!, suelen decir. Sucede cerca de agujero de la segunda planta, un viejo descargadero de ropa caído ya en desuso, un orificio muy estrecho oprimido entre los antiquísimos ladrillos de la pared del hospital y que conectaba esa planta con la lavandería abandonada del subsuelo del edificio. Ya no sirve para nada, pero sigue ahí, nadie había pensado que, quizás, lo mejor sería tapiarlo, cegarlo para siempre, convertirlo en una cicatriz indolora de pintura fresca resaltando sobre el resto de la ennegrecida pared, jamas repintada. Dicen que, hace años, un niño pequeño se cayó por el viejo agujero y murió; ¡leyendas urbanas de hospital!, es posible. Los hospitales habitan en limbos perdidos, en tierras de nadie, la mayoría, son engullidos por las ciudades en su imparable expansión convirtiéndose en engendros, en edificios apestados, en miembros de un cuerpo situados en el lugar equivocado; los hospitales, por su intrínseca naturaleza, pertenecen a los extrarradios de las ciudades y ahí deben estar, al igual que los cementerios o las desangeladas rotondas, círculos inmensos sin vida que anudan con eficacia los distintos barrios que se extienden mas allá de los centros urbanos. El Hospital General de Valencia es un miembro exento de cuerpo, un monstruo blanco insertado entre las feas casas de renta antigua del Barrio de la Luz, pertenece a la ciudad, pero hace tiempo quedó olvidado por ella, igual que los niños caprichosos olvidan sus juguetes al termino de la primera y fulgurante emoción, nada mas triste que un juguete olvidado por un niño caprichoso, su alma se pudre mientras le invade una fina e incolora capa de polvo...

                                                                     ***

Luis siempre me recogía en la entrada del hospital. Aparcaba el coche, no demasiado lejos de la puerta principal del edificio y merodeaba de un lado a otro por las calles mas cercanas, luego, me hacia esperar cinco minutos, o diez, nunca más de diez..mas hubiera sido demasiado tiempo. Yo lo sabía, así que antes de acabar de trabajar, al pasar revista al último paciente o mientras dejaba en la taquilla del vestuario el lechoso traje de enfermera y los pesados zuecos, ya lo imaginaba paseando por la Avenida de Tres Cruces con las manos en los bolsillos y mirando a los arboles o a los edificios. Luis lo observaba todo con esa mirada lejana propia de los que siempre miran el mar; mirada verde, indescifrable y soñadora. Le encantaba mirar hacia arriba, a las cosas mas altas, nunca supe por qué. En los momentos de pacifico silencio le sorprendía mirando a la flor de algún árbol, o a una hoja, o a las altas figuras que rematan los monumentos y las estatuas urbanas, cualquier cosa que estuviera a mas de cinco metros por encima de su cabeza.
Era febrero y la tarde era fresca, mas propia de una primavera primeriza que del crudo invierno, la brisa, pacifica y cautivadora, soplaba a ráfagas, iba y venia oscilante y caprichosa arrastrando junto a ella olores indefinibles y vagos recuerdos de sonidos muy lejanos. Producto de la tranquilidad, la calle tenía eco, algo muy propio de los suaves atardeceres del invierno en la ciudad. El cielo, límpido y despejado, estaba azul, un azul de puro barniz reluciente

Esta vez, no tardó..

-¡Chico, que raro, tú tan puntual!..
Al salir del hospital, allí estaba, plantado como un pino, en la puerta principal del edificio, junto a la enorme cancela de hierro verdoso, cosido al suelo, enraizando en infinitas ramas muy dentro de mi corazón.

(Aun le veo cada día, permanece firme como las raíces de un sauce, eterno como el olor del jazmín en las mañanas de la primavera, pero solo es un deseo, filtrándose a través de la memoria, deslizándose por la extraña grieta que se abre desbocada en las entrañas de mi corazón.)



Continuara...

domingo, 31 de mayo de 2015

SEMANA SANTA DE 2015: UN VIAJE EN TREN


Hola!

Una estación es un lugar sin tiempo. Un punto de reflexión..

La estación se estrecha y se agranda, suenan silbidos y voces metálicas, algunos ecos se pierden entre los huecos de las paredes, chirrían sonidos indefinibles que parecen venidos de otro tiempo o de otro lugar...Hay un pasajero fiel en cada estación, que como un visitante secreto, difuminado en la penumbra, se esconde agazapado al trasluz de las ventanas, justo detrás de los bancos que se esparcen por el andén; el pasajero fiel no envejece nunca...solo va y viene, a veces mas rápido, y otras veces mas lento, en algunas ocasiones corre muy deprisa, pero normalmente solo se desplaza con calma, como si algo invisible lo impulsara con mucha pereza.

Acabamos de llegar a la estación, y aún estoy medio dormido, muy despacio, tomo asiento en uno de los bancos, levanto la vista y atisbo el amanecer que se filtra desde lo alto con cierta timidez, lanzando pequeñas fechas del sol en dirección al suelo. No acabo de entender muy bien cuanto tiempo ha pasado, ni en que época estoy, solo se que nos vamos de viaje, un pequeño paréntesis para los tres...en busca nuevos recuerdos.

En la estación siempre hay gente que espera, antes y ahora, parecen los mismos aunque se que no lo son. Algunos fuman y miran al suelo, otros observan y pasean de un lado para otro; al cruzarse unos con los otros parece que no se ven, sus miradas no alcanzan lo cercano, huyen mas rápidas que el propio tren, del que vinieron, o del que pronto partirán. 

Sentado muy cerca de Julia, espero nuestra hora, el tren sale a las 8.10, hay tiempo de sobra, estoy relajado, Amparo de pie observa el panel de los horarios, ambas sonríen...perezosa sonrisa de paciente felicidad. Julia chilla y aplaude, de vez en cuando bosteza, pero sobre todo mira...mira y acaricia el tiempo con sus suaves manitas, como solo los niños lo saben hacer. Yo por mi parte, atrapo el momento y lo convierto en recuerdo, para que el tiempo lo guarde...allí donde solo el tiempo lo sabe guardar, en la parte mas alta y mas bonita de la pared mas blanca y luminosa de nuestras vidas.

Hay viajeros que parecen ligeros como el viento, flotan entre las salas de espera y las taquillas y embarcan rápido, siempre en busca de una nueva estación. No se les ve por mucho rato, pasan a tu lado y se van, ¡visto y no visto!. Antes de subir al tren, detecto alguno de ellos, cruzan sus caminos desafiando al pasajero fiel que nunca envejece, y parten raudos como si quisieran escapar de su propio destino..

El tren arranca, da un empujón y se pone en marcha, de pronto la vida comienza a funcionar; al sol ya flota junto a las nubes, un dulce ajetreo maneja las ruedas de la locomotora, valles y montañas esbozan paisajes pequeños que se pierden antes de ser vistos del todo; sentado en el asiento, amarro sueños vividos y proyecto nuevos caminos por recorrer. Julia se duerme acunada por la emoción, Amparo se duerme también, el tren resopla y acelera, luego da un respingo y toma velocidad, solo entonces, yo me relajo también, la velocidad es como una suave caricia; afuera, nada permanece quieto ni por un segundo, dentro del tren, el tiempo se vuelve generoso, pasajero fiel que nunca envejece...

De pronto, recostado en mi asiento y con las piernas estiradas, me pongo a correr: piernas fuertes que trazan curvas, campos verdes justo a mi lado, largos caminos, horizontes despejados que entonces se nublan, aire eléctrico y alegre, lluvia muy fina que deja paso al sol fugaz que rápido se esconde atemorizado por la tormenta...Y en el estrecho pasillo del vagón, justo en medio del tren, los viajeros caminan con lentitud, algunos se saludan y sonríen, otros solo agachan la cabeza y siguen adelante, el tren va disminuyendo su velocidad, ahora el traqueteo es mas perceptible, alguien suspira y se despereza, es como si el tiempo, lentamente, también se desperezara.
Por fin, el tren se para en una estación, y yo me detengo con el, estoy recostado en mi cómodo asiento, en el exterior se siente un poco de frío, pero no demasiado, un cartel oxidado cuelga del techo de la estación y dos arboles solitarios mueven sus ramas ligeras, el cielo se muestra extraño y brumoso; ante mi, el mismo edificio viejo y desvencijado de siempre...De pronto, se escucha un saludo lejano entre pasajeros y alguien que pasa corriendo con mucha prisa; mi frente entonces, permanece apoyada en el cristal de la ventana, sopesando su peso con el dulce fluir de los pensamientos... No se cuanto tiempo ha pasado, ni en que época estoy, solo se que seguimos de viaje, en busca de una nueva estación.

Se acerca el final, el tren repiquetea contento, gira y sigue raudo su camino, por fin, enfila el ultimo tramo y aparca en la estación definitiva. Julia, muy emocionada, se empeña en salir del tren caminando ella sola por el estrecho pasillo que separa los asientos y muy contenta, orgullosa de ser tan mayor, sonríe a cada viajero que toca su pequeña cabecita. Yo, por mi parte, aprovecho cada abrazo para aferrarme a su aroma, y cada nueva caricia, para atrapar su inocente mirada. No puedo imaginar un tesoro mayor. Mientras, en la estación, entre los ecos y el hollín, entre los silbidos y las voces, se pierde huidizo el pasajero fiel que nunca envejece...


En la estación se encuentran los sueños, justo al lado de los recuerdos...


                                                                  Estación


¡Hasta pronto!











domingo, 29 de marzo de 2015

MARZO DE 2015: TEJADOS COLOR GRANATE


Hola!

Hacia tiempo que no sentía. Hacía tiempo que no corría, solo para sentir...

No quería que se escondiera el sol, así que salí tras él, con el animo intacto, sin pensar en la velocidad, ni en la eficacia de mis piernas, solo en busca de la luz, queriendo bailar con mi propia respiración, y que salieran de baile también mis pensamientos, para que estiraran sus piernas y se electrizaran con esa danza de idas y de venidas constantes. Y que así, junto a mis piernas, mas lentas que nunca, algo nuevo naciera, tal vez una chispa del sol nunca antes vista por mi...

Era una tarde despejada, levemente ventosa, muy clara, evocadora, con un cierto deje sentimental y de añoranza. Había algo esperanzador que flotaba junto a mi, algo que se ató a mi cintura y se hilvanó a mis cordones, algo que trepó por mis piernas y se instaló en mi estomago, para después ahondar en mi mirada y por fin, alcanzar mi sonrisa en cada uno de los vaivenes de mi lento trasiego.
Decidí salir sin música, para poder sentir mejor, para buscar con mas certeza en los ribetes de la senda cercana. Y pronto empecé a escuchar, primero desde dentro; puse a tono mi respiración y ajuste con ella el ritmo tendido que marcaba mi corazón, y poco después desde fuera, como si alguien agitara de repente unas invisibles batutas, a mi alrededor se desató una inmisericorde sinfonía de notas alzadas al viento. 

Al principio, giré desde el puente que hace curva en el río para alcanzar con mis ojos la parte mas señorial de la ciudad; los arboles mas próximos, eternamente altivos, cimbreaban de un lado para otro creando suaves corrientes que llegaban hasta mi en forma de silbido; como si de un bosque mágico se tratara, sus copas mas altas parecían acariciar los balcones que había al fondo, y que mas parecían extraños decorados que alguien había pintado allí por capricho. 
Luego, una vez en la amplia recta que se abre despajada y que proyecta el camino hacia los puentes mas modernos de la ciudad, lejos de abrazar la enormidad y correr sin ambages, quise ocultarme, quizás por timidez o por ganas de encontrar nuevas respuestas, tal vez por huir de mi propia lentitud, o de mis defectos, o solo por que así, detrás de los arboles, muy cerca de los muros, quizás allí podría encontrar de nuevo la salida, y proyectarme otra vez, esta vez sin miedo, al camino mas despejado. Así, giré hacia la derecha y me adentre raudo por un camino en el que nunca antes había estado; y corrí por un estrecho pasillo de adoquines grises, de tacto espeso e irregular, pero que por alguna razón se hacía agradable al trote; aquel camino serpenteaba acercándose y alejándose del muro cobrizo que delimita el río, y subía y bajaba formando pequeñas cuestas que mas parecían divertidos toboganes de piedra, también se espesaba entre los arboles y las enredaderas, ensamblando con esmero la estrechez misma de la ruta. Mientras corría, notaba como mi respiración se acelerada y mi pulso se hacía cada vez mas fuerte; a la brisa se fueron uniendo los pájaros, que al atardecer, enardecían en chillidos en un coro multitudinario, lejano por la distancia pero tan cercano que estremecía mi alma con su ensordecedor sonido. De pronto escuche un claxon y alguien riendo, el aire ligero traía y llevaba sonidos que iban y venían de todas partes y de ninguna a la vez...Me gustó sentirme allí en medio, en medio del todo y de la nada y estar corriendo...solo corriendo, por aquel camino oculto de acertijos, melodías de idas y de venidas, suave balanceo de pensamientos, cadencia sutil de piernas, brazos, caderas, pulmones...corazón 

La tarde se fue dejando caer como si fuera una pluma, aleteando desde el cielo y formando círculos, planeando por la circunferencia del planeta para posarse sobre la noche. Pero antes de caer, la pluma pinto paisajes que yo nunca antes había visto.  

Por fin, salí de la zona oculta para lanzar mis zancadas a la parte mas despejada del río, y fue al dar la vuelta, para volver sobre mis pasos, como hago todos los días, ejecutando con mis piernas el nudo imaginario de ida y de vuelta al río, cuando lo vi...Se habían formado unas pocas nubes en el cielo, y el viento soplaba mas fuerte, pero no era molesto, se arremolinaba a mi alrededor como un pequeño huracán, jugueteando con mis piernas; las nubes, algo borrosas, parecían hebras de algodón que lentamente se deshilachaban. Al fondo, donde se pierde la vista, un atardecer inexplicable. Al verlo, sobrecogido y guiado por un fugaz instinto, aceleré, absurda intención la mía, pero no fue por alcanzarlo, hubiera sido muy egoísta por mi parte, si no por formar parte de él, por sentir en mi piel, aunque solo fuera por un instante, aquella chispa granate, incandescente, que se derramaba desde el cielo sobre los altos edificios de la ciudad.
Y mientras la seguía, no se si llevado por la imaginación o por la fuerza misma de mis piernas, tuve la certeza de estar contemplando algo irrepetible, algo que nunca antes había visto. Y seguí tras ella, no se si lento o rápido, no se si por mucho o por poco tiempo, hasta que por fin, se diluyo muy cerca del horizonte.

No quería que se escondiera el sol, pero al final lo hizo, dejando tras de si un atardecer perfecto y una paz muy dulce dentro de mi corazón.


Por fin corrí...solo para sentir.









¡Hasta pronto!


lunes, 2 de febrero de 2015

PREPARACION PREVIA AL MARATON: ALTAVOCES EN EL CAMINO


Hola!

Justo al amanecer de un domingo, nada frío, del mes de septiembre de 2014...

Ajusto mis auriculares y miro al camino, mentiría si dijera que no sentía una leve punzada de miedo... no esta mal sentir algo de miedo de vez en cuando, mantiene los sentidos alerta, aunque también atenaza el sentido de los sueños...Hoy serán 20, ¡solo 20!...pero más adelante serán mas, muchos mas, tal vez demasiados, o tal vez no...

Inspiro y recojo un poco de aire, es el aire denso de la ciudad, que justo al amanecer resulta mas fresco, como si el mar lo hubiera limpiado en su paso lento por la madrugada, logra depurar mis pulmones al tiempo que mi corazón se despereza como el de un pequeño bebé. Valencia es tan plana que el aire circula por ella como una suave corriente entre las habitaciones de un edificio, en la primeras horas del día es como si alguien abriera una enorme ventana, que fuera capaz de airear toda la espesura nocturna que arrastra el verano en sus últimas y cálidas noches.

Levanto la vista y oteo la ciudad, todavía dormida, solo el canto de unos lejanos pájaros altera el ligero silencio de la mañana. En total soledad y con toda la ciudad a mis pies, siento que me acompañan solo mis pensamientos, y siento que cada momento es como una canción perfecta, una suerte de irrepetible compás, un regalo para que mis piernas pueden seguir corriendo...solo seguir corriendo.

Arranco con el primer sonido de la mañana, el camino parece despejado, me cruzo con algunos viandantes de mirada fría y perdida, la luna trasnochadora todavía se esboza partida entre las pocas estrellas que brillan tímidamente en lo alto del cielo despejado de la mañana..
-¡Vamos tras ellas! -pienso...y mis piernas, no demasiado certeras, comienzan su alegre calentamiento. -¡Pronto estaremos en el río!

Doy dos o tres saltitos y me agito, amarro mi optimismo y siento que mi corazón se alumbra feliz, desde el centro de mi estomago sube una sonrisa que se instala en mi cara, se estira hacia mis brazos que se agitan para implementar el calentamiento y acaba en mis piernas, que perezosas y nerviosas, intuyen el esfuerzo que está por venir. La preparación para el maratón encara su recta final. Y empiezo a correr...solo correr en dirección al río.

De pronto, comienzo a luchar, a escuchar y a la vez ignorar, o mejor dicho...ignorar lo que estoy escuchando, tender manos a la locura y de pronto bajar la vista para ceñir la realidad al estrecho cinturón de la tristeza...y luego, revelarse a las limitaciones para encontrar los caminos que nos hagan seguir adelante, excusas banas que venzan la debilidad y los miedos.

Bajo al río corriendo muy rápido, mas rápido de lo que debería, corro como si tratara de huir de mi propia lentitud, como si alguien me aguardara en algún lugar extraviado, como si quisiera correr para terminar pronto de correr y por fin...poder descansar. 

Me centro en mis zapatillas y cierro los ojos; un paso...y después otro,  es lo que siempre he hecho, ya conozco de sobra el camino, y trato de recuperar esa chispa, de atrapar la llama esquiva que aletea al fondo de cada sueño cuando al despertar...se desvanece...Y entonces, me imagino fuerte, me visualizo veloz, y fuerzo una sonrisa y me entrego a la confianza, a mi eficiencia como corredor, a la experiencia de los años, a la ilusión que viaja siempre junto a mi. Entonces, descubro que soy yo el que le habla al corazón, que desesperado, trata de amoldar sus latidos a mi desvencijado ritmo, pero son mis piernas, realistas sobre el suelo polvoriento del río, las escuchan claramente las voces dolientes que vienen de ambos lados de camino. Ignorante de lo que debo hacer, yo sigo adelante...corriendo sin mas.

No se si debo escuchar, pero prefiero no hacerlo, y le exijo cuentas al corazón, que no deja de luchar, y el cerebro hace el resto, para bien o para mal; son los recuerdos, aquellos que viajan siempre junto a mi, los que logran silenciar el extraño sonido de altavoces que circunda el río.

Cada amanecer es distinto, pero existe un único patrón; primero se despliega el cielo, que elabora después el sol, que tiñe a su vez de colores cada objeto que toca, y todo lo tornea la brisa con su fresca caricia venida del mar. Aquella mañana de septiembre había algo más en el río, algo que no supe ver. Tal vez las advertencias del camino se encargan de proteger nuestros sueños, de alargar en el tiempo nuestro devenir por la ruta,.¡Prometo estar mas atento la próxima vez...!



                                                       perpetuar




¡Hasta pronto!



viernes, 28 de noviembre de 2014

MARATON DE VALENCIA 2014: ESCALONES DE COLOR GRIS


¡Hola!


Domingo, día 16 de noviembre de 2014, Maratón de Valencia. En torno a las 13:00...o tal vez 13:30 horas.


De pronto, todos los sonidos se amplificaron hasta alcanzar un volumen que parecía casi imposible; también el corazón, golpeando el pecho como un pequeño yunque, redobló su sonido que viajo desde mi pecho raudo hasta los oídos para entumecer mi alma con su escalofriante palpitar.Todo a mi alrededor tenía eco, un eco sordo y lejano que lo envolvía todo como en una especie de pantalla de irrealidad.
Estoy corriendo...ya no lo se, solo se que me desplazo con gran lentitud, con mucha dificultad. Respiro hondo, ¡Debo recupera el ritmo! Con gran esfuerzo intento estirar un poco la zancada, para que sea mas larga, con la esperanza de que así resulte mas eficaz, pero no puedo, es imposible.Ya solo cabía aguantar. Mas de 10 kilómetros con la mirada perdida en el horizonte, más allá de la inexistentes nubes que el viento había empujado sutilmente hacía el mar a lo largo de aquella fría y soleada mañana

Y un paso mas...muy lento esta vez, el golpeo de mis pies contra el suelo no emite ningún sonido, apenas una sensación eléctrica que se extiende por toda la pierna para acabar en la espalda con un gélido pinchazo.Siento calambres, mis músculos chillan, algo se descoyunta dentro de mi, y un nudo pesado toma mi garganta.
¡Vamos, no te rindas ahora! ¡Sigue adelante!
Otro paso mas, mas lento aún si cabe, cada vez más lento, mas detenido...mas imperceptible.
Vamos por el kilómetro 32, a mi alrededor ya quedan pocos corredores, la carrera serpentea eternamente estirada, repartiendo por las calles de la ciudad un mosaico multicolor de puntos móviles de variado talante y tonalidad diversa. Y justo en ese punto, al paso por la Avenida General Avilés, es donde el asfalto, tal vez por el calor, quizás por la imaginación, se hizo líquido bajo mis pies, o se inclinó, aún no lo se, lo cierto es que cambió, cambió para atrapar mis zapatillas y luego mis pies con la secreta intención de engullirme, de dejarme inerte bajo el cálido gris de la calzada.

Aquella sensación, aquella imposibilidad de correr, hizo que me rebelara, y que quisiera avanzar sin parar, aunque solo fuera a pasos muy cortos, cada vez mas cortos...
Ya solo cabía seguir, seguir hacía adelante sin mirar atrás...

Arriba, el helicóptero, suspendido en el aire como un ave metálica, traqueteaba lentamente girando en lo alto y emitiendo un desapacible sonido. También una ambulancia, que parecía demasiado cercana, asustó mi entumecido avance, haciéndolo aún mas lento y provocando que en mi interior calara una cierta y contradictoria sensación de huida, como si quisiera salir de allí a toda prisa cuando en realidad, casi no podía ni caminar.

Mire hacia arriba y un poquito al frente, tratando de mantener mi figura erguida, buscando en el interior de mi corazón el conocido orgullo del corredor que todo lo puede. Y fui avanzando, muy poco a poco, mirando al frente a veces...y luego a mis pies, y luego otra vez al frente y a los lados, como pidiendo explicaciones, como buscando soluciones, mandando ánimos a otros corredores que estaban como yo aunque solo fuera para olvidar mi propia agonía, apaciguando mi autoestima con los esfuerzos mas positivos de mi alma, forzando la sonrisa allí donde solo había desaliento...Mientras, el feo gris del asfalto continuaba con su extraña mutación, pero ya no trataba de engullirme, era yo quien trepaba por él aferrado al paisaje, aferrado a todo lo que alrededor se me dibujaba, a todo lo que yo lograba recordar, a todo lo que yo era, al esbozo de mis sueños abriéndose paso entre las angostas curvas de la existencia...

Y entonces, pude dar un paso mas...muy lento, apenas un pasito, pero pude seguir avanzando.
Logre mirar al fondo de la avenida, fijando como único objetivo el próximo giro, e imaginé la vuelta de la esquina como si fuera la tierra prometida.
Un paso...y otro, respira, apunta al frente, sigue...sigue...

No puedo apenas correr, pero trato de paladear, de encontrar en mis sentidos aquella llama perdida de la que tanto disfruté. Olvido mis piernas, casi no me sirven para nada. Alzo la voz, tarareo canciones, respiro al viento, evoco carreras fantásticas entre sonrisas y pálidos atardeceres, viajes en coche a bellos pueblos solo para correr entre sus calles, solo para soñar con un futuro lleno de zancadas y de amistad. De pronto, veo caras conocidas que me animan, gente que me quiere, que siempre estará a mi lado, me siento afortunado, y sigo avanzando, peldaño a peldaño voy subiendo por aquella interminable escalera de color gris y pegajoso asfalto.

Allá por el 37 fue como si iniciara un viaje, un lento y largo trasiego de kilómetros adornado por el secreto mundo de los recuerdos, también de los sueños...y un cúmulo de miradas, de gritos, de estímulos, de gestos anónimos, de emoción y de fuerza, y un poco de locura y de sin sentido, pero también de sonrisas y de alegría, de satisfacción, de un tiempo que se acaba trenzado con otro tiempo que empieza a nacer, de una etapa que se cierra para mirar al frente con nuevos retos por cumplir.

Y mas pasitos...mas lentos, llenos de cansancio, de dolor, pero también de ilusión.
Ya solo queda la alfombra azul y la meta, y el paso mas difícil de todos, el de seguir adelante sin detenerse jamás. ¡Y creo que esa batalla la tengo ganada, por suerte para mi!






Pd: Han sido muchos meses de cambios, de grandes emociones y de nuevas responsabilidades. Y justo al termino de mi primer maratón y en unas condiciones pésimas, decidí que debía volver a escribir, escribir para orientarme de nuevo en el camino, para entender todo lo que me estaba pasando, escribir para ordenar en mi mente tantas sensaciones, muchas de ellas contradictorias, sensaciones que se agolpaban dentro de mi, viajando desde mis piernas, pasando por el corazón y llegando al cerebro hechas un manojo de emociones confuso e inteligible. Por aquí empieza mi búsqueda, por esos últimos kilómetros del maratón en los que tanto sufrí, pero en los que tanto pude pensar y en los que pude rescatar, desde lo mas profundo de mi ser, todo lo que yo soy como persona y como corredor, para ponerlo en valor para el futuro. Gracias por acompañarme, a todos los que decidáis leerme, cada vez que plasme unas cuantas letras al paso de los kilómetros, mas largos o mas cortos, mas rápidos o mas lentos, de mi propia existencia.


 ¡Hasta pronto!

lunes, 17 de febrero de 2014

EL VIAJE SECRETO DE LOS MATICES


                                                      Valencia, invierno de 2014...


Hola, por fin!

Pude pasar de largo, a punto estuve de hacerlo, pero me detuve..quise mirar. No tenia mucha prisa, últimamente, no tengo mucha prisa. ¡Mejor para mi!.

Hacía un día frío, enmarañado y ventoso, unas cuantas nubes grisáceas cubrían el cielo y pequeños claros se abrían paso con timidez ayudados por la brisa; se intuía en la llegada de la tarde una caída del sol mas tranquila y despejada, era uno de esos días previos a la primavera, cuyas tardes, algo mas largas, esbozan en el horizonte los colores que están por venir. A lo lejos, se escuchaba la sirena de una ambulancia y el ulular de alguna paloma inquieta; justo a mi lado paso un señor andando muy deprisa, hablaba por el móvil dando cabezadas y gesticulando, lo vi alejarse con rapidez, cruzó la calle y se perdió entre la multitud. Delante de mi, justo enfrente, algo me llamó la atención e hizo que me detuviera en seco, era un pequeño insecto, de aspecto acorazado, parecía muy lento, pero se desplazaba hábilmente, con gran simetría; recto y siempre hacia adelante. Bajo sus patas, alambicadas y recias, discurría un camino, una especie de linea oscura dibujada en la pared, el diminuto insecto la seguía estoico y decidido, nada parecía importarle mas que aquella linea negra dibujada en la pared. Justo a su alrededor, en las fronteras de la linea negra, se extendía una preciosa pared pintada de color rosa...

Al fin, sopló levemente el viento, una ráfaga imprevista, el pequeño insecto se desequilibró pero no llegó a caer, no obstante, al recuperar su equilibrio, la linea negra estaba ya lejos, al pequeño insecto no le quedó mas remedio que seguir su camino por el mundo rosa y desconocido de la pared.

Antes de irme, giré la vista y lo volví a entrever. De nuevo, sopló una ráfaga de viento, pero esta vez el insecto osciló, titubeo un poco, desplegó sus pequeñas alas y alzó el vuelo. Yo le mire, y por fin, reanude mi marcha. Como ya os dije antes, últimamente no tengo prisa. ¡Mucho mejor para mi! 

A Julia, mi pequeña Julia, le encantan las sombras chinescas de la pared. Por la noche, antes de dormir, tumbada en la cama, justo en medio de nosotros, observa como mis manos dibujan formas imposibles en el techo de la habitación. Ella, extiende sus pequeñas manos y trata de tocarlas, como si quisiera alcanzar un sueño imposible. Se mira sus manos y luego vuelve a mirar las mías, hace un gesto, balbucea y se sorprende, su mirada azul luce brillante, perdida en el techo de la habitación de nuestro cuarto...Antes de apagar la luz yo le susurro al oído; "sueña Julia...no dejes nunca de soñar"

Hace poco, mientras corría por el río, quise parar. Como ya sabéis, últimamente,no tengo nada de prisa...

Hacía una tarde hermosa, de aromas dulces y brisa suave, el cielo estaba despejado, repleto de colores, la luz se descomponía lentamente para convertirse en noche. Corría bien, certero, con regularidad, como casi siempre, con las piernas equilibradas y el cuerpo erguido, siempre con la mirada al frente, directa al horizonte que se pierde entre los altos edificios de la ciudad. Y quise ralentizar mi ritmo, sentir mi respiración, tomar conciencia de mi propia velocidad para reducirla lentamente y después, detenerme del todo.

Ya caminando, pisé unas cuantas hojas secas que chasquearon bajo mis pies y pasé cerca de un árbol cuyas altas ramas trataban de arañar el cielo; un par de corredores que venían por detrás me adelantaron dejando a sus espaldas un ligero viento que pronto se fundió con el resto del camino. La ciudad parecía encoger justo antes del anochecer, las primeras luces comenzaban a tintinear en los altos edificios que rodean el río. A un lado del camino, justo debajo de un árbol, una joven pelirroja leía absorta, el sol caprichoso formaba chispas rojizas alrededor de sus rizos, ella permanecía con las piernas cruzadas, y su libro, bastante voluminoso, apoyado justo encima de sus rodillas. De pronto, ella levantó la vista, y su mirada, azulada y cristalina, tropezó con la mía, ambos sonreímos sin motivo aparente, después, su mirada regresó al libro y la mía al camino, aquella mirada aleteó unos instantes en mi mente, y por fin, como una leve pincelada, se coló en mis pensamientos, quedando archivada como un bonito recuerdo...

De nuevo estoy corriendo, yo nunca dejare de correr, pero avanzo muy despacio, disfrutando de cada paso, acariciando el camino...Como ya os dije antes, no tengo ninguna prisa ¡Mucho mejor para mi! Tal vez volando muy lento, sea capaz de ver algún día, el chispazo mas brillante del sol derramado sobre el lento atardecer de la ciudad.

                                                          pequeño insecto

Dedicado a Ana Coloma; poetisa mágica, inquieta y sorprendente. Cada día, en su tienda de sonrisas, Ana vende juguetes y "chuches", reparte sueños a todos los niños y atrapa serendipias para los mayores que aun conservan las ganas de imaginar y soñar. Gracias por dejarme a tu pequeño insecto acorazado..

Y a Vero...la seguidora mas fiel de este blog, esta entrada también es para ti..


Adios!! Hasta pronto!!


Juanvi.