Hola!
Así fue, tu destino, joven poeta de las montañas, volver a la tierra para nacer cada día junto al viento, y así, desde tu desconocido refugio, lanzar un acertijo camino del sol y de las estrellas...Una estrofa mágica, apenas un soneto que no es sino un susurro del agua de la fuente donde te escondes; "verde que te quiero verde" junto al blanco incandescente de las cimas más altas de Sierra Nevada...
Rápido o lento, escurridizo o sublime, un viaje corto puede ser una revelación de por vida, una enseñanza eterna para la gran carrera de fondo de nuestro destino.
Llegamos a Granada acompañados por la nostalgia de ese cielo plomizo y quejumbroso que antecede a la lluvia; arriba, junto a La Alhambra, unas nubes muy negras y cargadas de agua rivalizaban con el sol, que tras ellas, lanzaba sus esforzados rayos, algo fríos, contra esas casitas tan blancas, casi de juguete, de la ladera del Albaicín. Al fin, cayó un tormenta que fue como el llanto de un niño caprichoso, terminó sin más, y el sol brilló con su mejor sonrisa.
Un viaje en compañía enriquece la perspectiva y agudiza la percepción de los sentidos, son varios los prismas que aportan su visión a una misma experiencia, y cambian los giros y surgen las anécdotas y las sonrisas se multiplican, en este caso, por cuatro tonos distintos de carcajadas.Fue Raúl, el lobo valiente, incansable tras las huellas del poeta de las montañas, quien nos llevó con paso firme hasta las faldas de esta ciudad, mujer cobriza con ojos de miel, ¡Granada! y junto a él, su inseparable Laura, mi amiga, siempre corazón guerrero y apoyo imprescindible en la carrera sobre el alambre de todos los días...Y a mi lado, formando parte de mi propia piel, esos ojos que, junto a los míos, buscan el camino más corto hacia la luna
Granada es rojiza de piel y huele a barro y a hierba de primavera recién cortada, clama al cielo por su pasado eterno enmarcado en las mil y una noches de la imperecedera Alhambra; ella, desde lo alto de su loma, arropa a la vieja ciudad como si fuera un manto artesanal de hermosa mamposteria fina y solo mira con timidez y respeto a las nevadas montañas que la vieron nacer
Cantando al alba, un día de sol y calor triste, el joven poeta ganó su pasaporte a la eternidad y desde entonces vive lánguido y apasionado junto a los altos cipreses de los "cármenes" de la ciudad, y cuando estos oscilan, mecidos por el viento gélido que viene de la sierra, en realidad, son las palabras perdidas las que sisean, y sueñan que se juntan para formar entre todas, el poema más perfecto.
Seguir los pasos del poeta, aún en la distancia, fue un extraño privilegio; una carrera transida de deseo, de añoranza y de belleza furtiva, no es posible alcanzar su estela infinita, vacilante y esquiva entre las sombras esbeltas de las inacabables choperas de la vega granadina, acaso, se intuye en los extensos caminos, y en sus riberas, sus aristas o sus rincones olvidados, también en los cortijos llenos de fina escarcha y en el eterno fluir de las acequias, con ese rumor tan suave que arropa el alma en las noches mas frías del invierno, allí y solo allí, quedaron tus pasos discretos, joven poeta; tristeza lúcida, presagios inquietos de palabras encriptadas...poemas en el aire
El sol claro de la mañana se entumece por el recuerdo, también por la vergüenza...las viejas montañas, testigos de todo, flotan en el aire como si prendieran del cielo abierto; abajo, la tierra brillante, se estremece rebosante de viejos secretos; el olvido, es un lugar muy débil, una pared solitaria cargada de húmedas filtraciones... Seguir tus pasos, joven poeta de las montañas, fue solo un sueño; cerrar los ojos, sentir el viento e intuir tus huellas mas allá de nuestro destino, de tu propio destino, ¡sangre bermeja junto al enrevesado olivo!, fue tu última huella, solo silencio y culpa en los amarillentos campos de la vega parda de Granada..
La fría muerte te alcanzó en una noche febril, madrugada lenta de ensoñaciones y desvelos, y quiso silenciar tu voz dulce de melodías; pero, no pudo... y sin darse cuenta, dejó colgada del cielo la estrella más brillante de la noche, eterna sonrisa del joven poeta de las montañas; y allí, al fondo de la Fuente Grande, aún viven tus ojos cristalinos de ausencia, tu que alcanzaste la belleza en el corto sprint de tu vida; los demás, correremos largo, con la esperanza de alcanzar, aunque sea un destello...
choperas bajo la sierra

joven poeta
¡Adios!