Hola!!
Domingo día 18-12-2011, Medio Maratón Paiporta-Picanya
21 kilómetros en 1h, 46', 47" a 5'02" por km
Y si siguiera corriendo, y si pudiera alargar la carrera hasta el infinito, mucho mas allá de la propia distancia que limita mis zancadas, y si pudiera dejar atrás estos 21 kilómetros y seguir adelante, correr y correr para poder atravesar mil campos de cultivos y sentir el aroma rancio de los jóvenes naranjos, ver a un lado los valles ladeados que se encogen a mis pies y al otro el mar brillante y rizado peinado por el viento.Hoy, quizás..podría hacerlo.
La mañana prendió en Valencia como la chispa de un fósforo, con una explosión de luz despejada y clara, fue un amanecer lúcido, cargado de magia, de pereza inexistente.Algunas veces, solo algunas veces, las dudas se extinguen consumidas por las sombras de la noche y el día te abraza clarividente rebosante de una alegría firme que se extiende a flor de piel.¡Hoy, seguro...todo ira bien!
Llegué a Paiporta acompañado de una confianza casi absurda, incluso irracional, no había indicios, solo una intuición difusa repleta de señales positivas venidas del exterior. La atmósfera lucia limpia, depurada con esmero por el viento que días atrás había soplado con fuerza en toda la costa valenciana. Las nubes, revueltas y desordenadas, ligeras y carentes de densidad, se esparcían pintadas sobre un fondo azul, como si alguien hubiera confundido el cielo con un lienzo dejando sobre él unos cuantos trazos suaves y blanquecinos al azar.
Los olores y los sonidos, pasados por el caleidoscopio del viento, mas fuertes y mas sonoros, rejuvenecidos por el sol matutino del otoño, llenaban cada rincón de mi mente amplificando mi optimismo.
¡Correr y correr 21 km!, por primera vez y en la linea de salida, me parecieron pocos.¡Hoy, quizás, podría correr muchos mas!
Inmerso en el tumulto multicolor, uno mas entre unos mil corazones latiendo con fuerza, la adrenalina de los corredores, tan alegre y dulce, se disparo por mis venas.¡Vamos allá!.Al principio, no miré el reloj, y lance mis piernas a un ritmo casi frenético, luego llegó el vértigo y como no, la incertidumbre.¡Mas de un mes sin competir! y la carrera se trasforma en una especie de acertijo, un "sudoku" a resolver metro a metro, lindando en cada curva con el miedo aún anclado en el recuerdo latente de la baja forma.
Seis kilómetros, siete..bajo el ritmo, pero voy bien, me desplazo sutilmente, sin esfuerzo, como si circulara sobre una cinta mecánica relajante y suave, la tranquilidad engancha de un hilo a la euforia, el miedo se desvanece, devoro los kilómetros, correr es como un "swing" lento y delicado, en la cadencia del ritmo esta el secreto.
La carrera transcurre formando un amplio circulo; de Paiporta a Picanya y de Picanya a Paiporta y así dos veces.Ambos pueblos quedan abrazados por el lazo imaginario y móvil que formamos los corredores.
Miro hacia arriba, el cielo turquesa pinta un sol frío incapaz de calentar la mañana, del temporal de viento solo quedan una repentinas ráfagas, en las zonas mas abiertas se ve el mar, plateado y quieto, no parece real.
Entramos en uno de los pueblos y callejeamos, ¡me encanta tomar las curvas cerradas en las calles de los pueblos!, huele a pan recién horneado en la madrugada y a estufa de leña.De pronto, el tiempo parece girar haciendo un escorzo; el piso adoquinado, las viejas casas con sus chimeneas, el canto repentino de las campanas de la iglesia y la vida que pasa impresa en una postal, en los pueblos el tiempo se distorsiona ralentizando la llegada del futuro.
¡Ya queda menos!, nada impide que continúe corriendo, dejo atrás el km 14, en un suspiro alcanzo el 15, estupefacto observo a mi derecha el pequeño cartel que marca el punto kilométrico numero 16, llego hasta un avituallamiento y cojo una botella de agua, siento euforia, doy las gracias y sonrío..hoy, quizás, podría...
El viento sopla fuerte a mi espalda, su leve siseo viene acompañado de otro sonido, es un traqueteo lejano que poco a poco me alcanza, suena como un eco del tiempo cargado de una cierta añoranza,el tren evoca el espíritu permanente de mi infancia.Ahora corre junto a mi, le miro de reojo,veo la locomotora, luego los vagones, uno a uno, traquetean y se van, el chirrido de las ruedas aplaca el "tap,tap,tap" que emitimos los runners al correr, trato de seguirle durante un minuto, acelero, me siento fuerte pero finalmente se escapa..vuelve el "tap,tap,tap".
De nuevo en Paiporta y último kilómetro.., al estilo de los elegantes coches de carreras trazo una curva cerrada, muy por dentro, casi el borde de la esquina, luego enfilo una larga recta y pronto la dejo atrás, algunas personas aplauden, otros solo pasean y nos miran, los metros vuelan bajo mis pies, casi no existen, el asfalto se escurre y...la carrera se acaba.
¿Y si siguiera corriendo?.Hoy, quizás..podría olvidarme de la meta y viajar camino del mar o de las montañas, dejar atrás Paiporta y Picanya para buscar otros destinos en cualquier otro lugar de la tierra, seguir y seguir, corriendo y corriendo hasta notar la reconfortante llegada del cansancio y solo entonces, parar por el puro placer de detenerse cuando uno esta cansado, ¡hasta aquí!.
¡He terminado!,hoy la meta marcó mi destino, 21 kilómetros en 1h, 46' y 29". ¡quizás, muy pronto, pueda correr muchos mas!.
¡Que pequeña es la tierra!
¡FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO 2012!
¡Adios!
MIRA AL HORIZONTE
ESTE, ES UN BLOG DE SUEÑOS Y DE ALEGRIAS, DE CARRERAS, DE RUTAS Y DE ILUSIONES, TAMBIEN DE NOSTALGIAS, DE NUBES QUE AVANZAN RAUDAS JUNTO AL MAR, DE SOLES QUE CUBREN CIELOS ENCAPOTADOS, DE RISAS Y DE MISTERIOS, DE VIEJAS HISTORIAS DEL PASADO, DE ILUSIONES PERDIDAS Y DE OTRAS ENCONTRADAS, DE ENCRUCIJADAS JUNTO AL VIENTO EN LA FRONTERA MISMA DE LA VIDA...ESTE ES UN BLOG PARA EL QUE QUIERA CORRER, LEER, ESCUCHAR E IMAGINAR.
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martes, 27 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
DICIEMBRE DE 2011: SOPLANDO..SOPLANDO.
Hola!!
A falta de unos pocos metros y con la pancarta de meta envolviendo todo mi campo visual, un extraño escalofrío recorrió todo mi cuerpo, el deseo de llegar, de cruzar la última linea y descansar era casi irrefrenable,tan fuerte y tan intenso, que al detenerme y recuperar el aliento, mi cuerpo, exhausto, parecía suplicarme una tregua, parecía gritarme desde dentro y con todas sus fuerzas; ¡Por favor, para un poco!.
Recogí mi pequeño saco de naranjas (que a modo de premio la organizacion de Medio maratón de Valencia tuvo a bien entregarnos como regalo), me toque las piernas, levemente, tratando de comprobar su buen estado, miré mi reloj para hacer un primer balance del tiempo cosechado y en cuanto pude salir del maremagnum inmenso de corredores , me puse a estirar las músculos apoyado en un banco. Dentro de mi ardía un inquietante desasosiego,como un sentimiento de huida, la necesidad de salir de todo aquello para únicamente, descansar.
La vuelta a casa, solo en mi coche, fue algo triste, mi cuerpo cansado se negaba a sintonizar con mi mente, ambos parecían enfadados el uno con el otro y mi conciencia, en medio, intentaba forzar una difícil reconciliación.
Desde que empecé a correr, hace ya mas de cinco años, un denominador común ha movilizado mis piernas:"la ilusión".Por alguna razón y después de Medio maratón de Valencia de este año, esa llamita, que yo creía eterna, osciló al viento debilitandose levemente
Los días siguientes a la carrera corrí..y corrí mucho, pero corrí por inercia y también por necesidad, cuerpo y mente,encontraron así, un punto de encuentro común, correr es una costumbre que se basa en la necesidad física, pero si falla la ilusión, se convierte en una rutina mas y eso hace que pierda parte de su encanto.
Como si un gran despertador sonara en mi cabeza, metodicamente, movido por un resorte casi mecánico, la hora de correr se convirtió simplemente en "la hora de correr".Un día, tras otro día y sin dejar de correr ni una sola semana, cada zancada parecía la última y atenazadas por el miedo, las piernas corrían como si temieran no volver a correr nunca mas.Algunos días, aceleraba, tratando de acortar distancias huyendo de la desidia, buscando esa ansiada complicidad, añorando la suave cadencia que nos da la pasión por correr, ahora perdida en algún lugar inaccesible del laberinto de mi mente.
Pero corrí y no deje de insistir y pasaron días y semanas y tardes, muchas tardes, cada vez mas oscuras, tardes aplastadas por ese frío suave cargado de hollín que flota en las calles de la ciudad adormecida por el otoño, tardes que no tienen atardecer, que apenas existen y que se convierten en noche en cuanto el sol se oculta arrastrado hacia otras latitudes por un suspiro fugaz del horizonte.
Cinco kilómetros o 7 o 10, en realidad daba igual,correr dejaba atrás, irremediablemente, las pocas ganas de correr y el miedo a perder esa magia tan especial; las zapatillas, la ropa de abrigo, el reloj gps y saltar a la calle acompañado por un sentimiento de reconciliación y de esperanza, kilómetros de búsqueda envuelta en pensamientos cargados de humedad.¡Tiene que estar cerca, agazapada en algún lugar de mi cabeza!,o a la vuelta de una esquina, o al final de este entrenamiento..o quizás surja un día por la mañana en cuanto me levante..pero tiene que estar!
En estas semanas, oscuras, eternas y casi planas, me olvide de las carreras, apenas miré el calendario y en cada fin de semana mi único objetivo era recuperar cuerpo y mente para seguir avanzando, la siguiente semana,entre las zarzas y las espinas de la cruza realidad.
Y llegaba la tarde, cada día, y al dejar el traje de faena, buscaba y buscaba, trotando y sintiendo el frío de la desidia en mi alma, corriendo y anhelando, recordando tantos momentos preciosos a bordo de mis zapatillas de correr:De mis primeras "mizzuno", pesadas y fuertes, aptas para corredores algo entrados en peso, de las segundas, mas ligeras, con las que volé marcando mis mejores registros y, como no, de mis nuevas "asics" con sus plantillas acolchadas y cómodas con las que he logrado vencer a la dichosa fascitis plantar..
Y perseguí a las estrellas, lejanas y frías brillando en la noche invernal y traté de aullentar a la tristeza embriagadora que se acomodaba de vez en cuando en mi alma congelando mi ánimo con su gélida mano y siempre..siempre, a golpe de esfuerzo, zancada a zancada, sin dejar nunca de correr.
Una tarde, a principios de diciembre, el frío, sin mas, se fue y pude correr ligero con mi ropa de verano, soplaba en la ciudad una brisa dulce como una caricia y la luna, llena de luz, mostraba orgullosa su esbelta figura, en el cielo, ni una sola nube.
Giré algunas curvas, aceleré en las rectas, 2 kilómetros, 3, 4...giro de nuevo y..¡ahi estas!, alimentada por la cálida brisa, pequeña y débil, es la llamita,¡ya te tengo!.Mas rectas, mas curvas, el asfalto se suaviza bajo mis pies, la luna esta delante o esta detrás, no lo sé y continuo corriendo, mi corazón se despereza y late alegre, en cada zancada soplo fuerte para alimentar a la débil llama, me cruzo con otro corredor y ambos sonreímos, soplo mas y mas fuerte, me ayuda la brisa y poco a poco, la llama va creciendo..¡ya no te puedo perder!.
La vida no esta echa de caminos rectos, mas bien de curvas, perder la sintonía es fácil, no dejar de correr es el primer paso para recuperarla.El próximo domingo correré el Medio maratón de Paiporta-Picanya y en cada kilómetro acunaré la llama de la ilusión entre mis manos..soplando,soplando.
la llamita
y una canción irrepetible
"eternal flame"
Bangles
¡Adios!
A falta de unos pocos metros y con la pancarta de meta envolviendo todo mi campo visual, un extraño escalofrío recorrió todo mi cuerpo, el deseo de llegar, de cruzar la última linea y descansar era casi irrefrenable,tan fuerte y tan intenso, que al detenerme y recuperar el aliento, mi cuerpo, exhausto, parecía suplicarme una tregua, parecía gritarme desde dentro y con todas sus fuerzas; ¡Por favor, para un poco!.
Recogí mi pequeño saco de naranjas (que a modo de premio la organizacion de Medio maratón de Valencia tuvo a bien entregarnos como regalo), me toque las piernas, levemente, tratando de comprobar su buen estado, miré mi reloj para hacer un primer balance del tiempo cosechado y en cuanto pude salir del maremagnum inmenso de corredores , me puse a estirar las músculos apoyado en un banco. Dentro de mi ardía un inquietante desasosiego,como un sentimiento de huida, la necesidad de salir de todo aquello para únicamente, descansar.
La vuelta a casa, solo en mi coche, fue algo triste, mi cuerpo cansado se negaba a sintonizar con mi mente, ambos parecían enfadados el uno con el otro y mi conciencia, en medio, intentaba forzar una difícil reconciliación.
Desde que empecé a correr, hace ya mas de cinco años, un denominador común ha movilizado mis piernas:"la ilusión".Por alguna razón y después de Medio maratón de Valencia de este año, esa llamita, que yo creía eterna, osciló al viento debilitandose levemente
Los días siguientes a la carrera corrí..y corrí mucho, pero corrí por inercia y también por necesidad, cuerpo y mente,encontraron así, un punto de encuentro común, correr es una costumbre que se basa en la necesidad física, pero si falla la ilusión, se convierte en una rutina mas y eso hace que pierda parte de su encanto.
Como si un gran despertador sonara en mi cabeza, metodicamente, movido por un resorte casi mecánico, la hora de correr se convirtió simplemente en "la hora de correr".Un día, tras otro día y sin dejar de correr ni una sola semana, cada zancada parecía la última y atenazadas por el miedo, las piernas corrían como si temieran no volver a correr nunca mas.Algunos días, aceleraba, tratando de acortar distancias huyendo de la desidia, buscando esa ansiada complicidad, añorando la suave cadencia que nos da la pasión por correr, ahora perdida en algún lugar inaccesible del laberinto de mi mente.
Pero corrí y no deje de insistir y pasaron días y semanas y tardes, muchas tardes, cada vez mas oscuras, tardes aplastadas por ese frío suave cargado de hollín que flota en las calles de la ciudad adormecida por el otoño, tardes que no tienen atardecer, que apenas existen y que se convierten en noche en cuanto el sol se oculta arrastrado hacia otras latitudes por un suspiro fugaz del horizonte.
Cinco kilómetros o 7 o 10, en realidad daba igual,correr dejaba atrás, irremediablemente, las pocas ganas de correr y el miedo a perder esa magia tan especial; las zapatillas, la ropa de abrigo, el reloj gps y saltar a la calle acompañado por un sentimiento de reconciliación y de esperanza, kilómetros de búsqueda envuelta en pensamientos cargados de humedad.¡Tiene que estar cerca, agazapada en algún lugar de mi cabeza!,o a la vuelta de una esquina, o al final de este entrenamiento..o quizás surja un día por la mañana en cuanto me levante..pero tiene que estar!
En estas semanas, oscuras, eternas y casi planas, me olvide de las carreras, apenas miré el calendario y en cada fin de semana mi único objetivo era recuperar cuerpo y mente para seguir avanzando, la siguiente semana,entre las zarzas y las espinas de la cruza realidad.
Y llegaba la tarde, cada día, y al dejar el traje de faena, buscaba y buscaba, trotando y sintiendo el frío de la desidia en mi alma, corriendo y anhelando, recordando tantos momentos preciosos a bordo de mis zapatillas de correr:De mis primeras "mizzuno", pesadas y fuertes, aptas para corredores algo entrados en peso, de las segundas, mas ligeras, con las que volé marcando mis mejores registros y, como no, de mis nuevas "asics" con sus plantillas acolchadas y cómodas con las que he logrado vencer a la dichosa fascitis plantar..
Y perseguí a las estrellas, lejanas y frías brillando en la noche invernal y traté de aullentar a la tristeza embriagadora que se acomodaba de vez en cuando en mi alma congelando mi ánimo con su gélida mano y siempre..siempre, a golpe de esfuerzo, zancada a zancada, sin dejar nunca de correr.
Una tarde, a principios de diciembre, el frío, sin mas, se fue y pude correr ligero con mi ropa de verano, soplaba en la ciudad una brisa dulce como una caricia y la luna, llena de luz, mostraba orgullosa su esbelta figura, en el cielo, ni una sola nube.
Giré algunas curvas, aceleré en las rectas, 2 kilómetros, 3, 4...giro de nuevo y..¡ahi estas!, alimentada por la cálida brisa, pequeña y débil, es la llamita,¡ya te tengo!.Mas rectas, mas curvas, el asfalto se suaviza bajo mis pies, la luna esta delante o esta detrás, no lo sé y continuo corriendo, mi corazón se despereza y late alegre, en cada zancada soplo fuerte para alimentar a la débil llama, me cruzo con otro corredor y ambos sonreímos, soplo mas y mas fuerte, me ayuda la brisa y poco a poco, la llama va creciendo..¡ya no te puedo perder!.
La vida no esta echa de caminos rectos, mas bien de curvas, perder la sintonía es fácil, no dejar de correr es el primer paso para recuperarla.El próximo domingo correré el Medio maratón de Paiporta-Picanya y en cada kilómetro acunaré la llama de la ilusión entre mis manos..soplando,soplando.
la llamita
y una canción irrepetible
"eternal flame"
Bangles
¡Adios!
sábado, 3 de diciembre de 2011
NOVIEMBRE 2011: PECES EN EL COCHE
Hola!!
Valencia, una tarde cualquiera del mes de noviembre de 2011.
Después de un largo día de trabajo y dentro del coche,tengo la extraña sensación de haber encogido, de ser muy pequeño, como si las largas horas de trabajo hubieran logrado minimizar mi existencia.Algo ausente y un poco pensativo, me sorprendo a mi mismo con la mirada perdida y parado delante de un semáforo, su enorme esfera, roja y brillante, no parpadea, solo me observa a través de la nebulosa que forman los pensamientos en mis ojos.
La humedad fría y densa del otoño cae sobre la ciudad empañando y humedeciendo los cristales de mi coche.Aquí dentro,las calles, envueltas en la bruma, parecen un mundo aparte, muy lejano, el pequeño habitáculo del coche es como un confesionario intimo, una especie de pecera solitaria donde los pensamientos se transforman en peces que chocan contra el salpicadero, la tapiceria y el volante..
¡El semáforo cambia a verde!, ¡tengo que seguir!, pongo la primera y comienzo a circular, el murmullo del trafico aullenta el lento proceso mental en el que estoy sumido, nada concreto, solo peces que chocan, dan la vuelta y vuelven a chocar...imprecisos, inconexos..
Nadie me ve desde la calle o eso pienso y canturreo mientras conduzco, mis ojos avanzan con parsimonia por el carril central , mantengo las distancias y me relajo, gracias a la música retomo el pulso de la alegría.
A través del retrovisor descubro mi rostro, sonríe y de reojo veo al conductor que viene por detrás, parece nervioso, habla por el móvil con desespero mostrando una expresión compungida y un poco dramática..
"¡Tranquilo chico, es hora de volver a casa, tengamos la fiesta en paz!"-
Y de pronto, otra vez, la esfera roja, ¡tengo que parar!, un súbito chirriar de neumáticos suena a mis espaldas, es el conductor de atrás, casi se empotra conmigo, le observo con reproche a través del pequeño espejo, el sigue a lo suyo; el móvil, los gestos exagerados y esos ojos repletos de angustia..Mientras tanto, dentro de mi coche siguen los peces, mas tranquilos, se cruzan unos con otros, lentos, insulsos, parsimoniosos..
Distraidamente, fijo la mirada en el pequeño reloj digital del salpicadero; son las 18:30, ¡ Que pronto!, hace solo unos días y a estas mismas horas, el pálido sol de otoño aun acariciaría con su suave mano a los viejos edificios de la ciudad, pero hoy, ya es de noche.En las profundidades del mes de noviembre la tarde se apaga como si cayera sobre ella un enorme telón oscuro que engullera de golpe la escasa claridad otoñal.
Valencia, tan acostumbrada a la luz, yace ensimismada bajo un cielo profundo ausente de estrellas.
Me siento raro, un poco confuso, como la propia ciudad ante la realidad de su luz perdida.Por momentos, es como si el frío se filtrara hasta mi por las rendijas de la carrocería tratando de calar en mis huesos y en mi alma..¡Subo la calefacción y también el volumen de la radio!..canturreo mas fuerte, de esta forma, algunos de los peces, los mas pesados e inquietantes se van..o mejor dicho, ¡los echo!..
¡La esfera se pone verde!.. otra vez, pero no reacciono, me quedo como hipnotizado mirándola, desprende un extraño fulgor rodeado de un aura casi magnética que me hace sentir bien..
-¡Piiiiiiii...Piiiiiiiiiiiii!..doy un respingo y concluyo de golpe con mi agradable ensoñación..¡Ya voy, ya voy!
¡Intento arrancar..pero, Uyyy...lo que faltaba, el coche se me cala..!
-Piiiiiiiiiiiiii..!, observo por el retrovisor y veo como mis ojos se llenan de culpa..¡Perdon..ya va, ya vaaaa!
El conductor que me persigue agita las brazos con furia y balbucea algo que no entiendo..¡Piiii, piiiiiiiiiii!, el claxon de su vehículo suena casi como si fuera un insulto.
¡En marcha..por fin, y acelero..es un decir!¡Que ganas de estar en casa!
El inquieto conductor que circula tras de mi decide adelantarle, ¡Ya era hora!, presuroso y alterado pasa por mi izquierda, gira su cabeza como haciendo un escorzo y me mira con una honda expresión de desprecio, yo le sonrío..-¡Que prisas, chico, habrá que verte a las 8 de la mañana!-
¡Ahi están otra vez..son los peces!, los hay de muchos tipos; grises, oscuros, de colores.. también los hay grandes o pequeños, los veo de perfil avanzando lentos y esquivandose unos a otros, los veo de frente, planos, casi imperceptibles, algunos burbujean y me rodean dando vueltas sobre mi..otros me miran de frente y me desafían..con esfuerzo trato de aferrerme a los que me gustan, los alegres o los bonitos..los demás, prefiero no mirarlos.
Suspiro y cambio de marcha, a lo lejos solo veo esferas verdes y alguna amarilla ,cambian y parpadean formando junto a las farolas anaranjadas una especie de árbol de navidad, algo monótono.Por mi derecha avanza lenta otra conductora, cruzo mi mirada con ella, casi puedo sentir esa punzada leve que todos sentimos en la nuca cuando alguien nos mira, la rodean cientos de peces, parece triste y cansada, sin embargo sus ojos brillan..Es la vida, al fondo del camino siempre hay una luz que brilla fuerte.
Aparco y salgo del coche, salgo tambien de la pecera.Una bocanada de aire fresco alivia mis pulmones, la calle amplia y el espacio abierto oxigenan mi mente, estiro las piernas y respiro, la noche es oscura y fresca.
Atras queda el coche y un largo dia de trabajo y junto a mi un único pensamiento; "si fuera un pez, preferiria el immenso mar para nadar"..
Desde la calle veo mi casa, la calida luz de la ventana arropa mi alma, pero el dia aun no ha terminado, ¡me queda algo por hacer!..asi que, me cambio, me pongo las zapatillas y me voy a correr... o a nadar.
¡Ya tendré tiempo de volver a la pecera!.
La pecera
¡Adios!
Valencia, una tarde cualquiera del mes de noviembre de 2011.
Después de un largo día de trabajo y dentro del coche,tengo la extraña sensación de haber encogido, de ser muy pequeño, como si las largas horas de trabajo hubieran logrado minimizar mi existencia.Algo ausente y un poco pensativo, me sorprendo a mi mismo con la mirada perdida y parado delante de un semáforo, su enorme esfera, roja y brillante, no parpadea, solo me observa a través de la nebulosa que forman los pensamientos en mis ojos.
La humedad fría y densa del otoño cae sobre la ciudad empañando y humedeciendo los cristales de mi coche.Aquí dentro,las calles, envueltas en la bruma, parecen un mundo aparte, muy lejano, el pequeño habitáculo del coche es como un confesionario intimo, una especie de pecera solitaria donde los pensamientos se transforman en peces que chocan contra el salpicadero, la tapiceria y el volante..
¡El semáforo cambia a verde!, ¡tengo que seguir!, pongo la primera y comienzo a circular, el murmullo del trafico aullenta el lento proceso mental en el que estoy sumido, nada concreto, solo peces que chocan, dan la vuelta y vuelven a chocar...imprecisos, inconexos..
Nadie me ve desde la calle o eso pienso y canturreo mientras conduzco, mis ojos avanzan con parsimonia por el carril central , mantengo las distancias y me relajo, gracias a la música retomo el pulso de la alegría.
A través del retrovisor descubro mi rostro, sonríe y de reojo veo al conductor que viene por detrás, parece nervioso, habla por el móvil con desespero mostrando una expresión compungida y un poco dramática..
"¡Tranquilo chico, es hora de volver a casa, tengamos la fiesta en paz!"-
Y de pronto, otra vez, la esfera roja, ¡tengo que parar!, un súbito chirriar de neumáticos suena a mis espaldas, es el conductor de atrás, casi se empotra conmigo, le observo con reproche a través del pequeño espejo, el sigue a lo suyo; el móvil, los gestos exagerados y esos ojos repletos de angustia..Mientras tanto, dentro de mi coche siguen los peces, mas tranquilos, se cruzan unos con otros, lentos, insulsos, parsimoniosos..
Distraidamente, fijo la mirada en el pequeño reloj digital del salpicadero; son las 18:30, ¡ Que pronto!, hace solo unos días y a estas mismas horas, el pálido sol de otoño aun acariciaría con su suave mano a los viejos edificios de la ciudad, pero hoy, ya es de noche.En las profundidades del mes de noviembre la tarde se apaga como si cayera sobre ella un enorme telón oscuro que engullera de golpe la escasa claridad otoñal.
Valencia, tan acostumbrada a la luz, yace ensimismada bajo un cielo profundo ausente de estrellas.
Me siento raro, un poco confuso, como la propia ciudad ante la realidad de su luz perdida.Por momentos, es como si el frío se filtrara hasta mi por las rendijas de la carrocería tratando de calar en mis huesos y en mi alma..¡Subo la calefacción y también el volumen de la radio!..canturreo mas fuerte, de esta forma, algunos de los peces, los mas pesados e inquietantes se van..o mejor dicho, ¡los echo!..
¡La esfera se pone verde!.. otra vez, pero no reacciono, me quedo como hipnotizado mirándola, desprende un extraño fulgor rodeado de un aura casi magnética que me hace sentir bien..
-¡Piiiiiiii...Piiiiiiiiiiiii!..doy un respingo y concluyo de golpe con mi agradable ensoñación..¡Ya voy, ya voy!
¡Intento arrancar..pero, Uyyy...lo que faltaba, el coche se me cala..!
-Piiiiiiiiiiiiii..!, observo por el retrovisor y veo como mis ojos se llenan de culpa..¡Perdon..ya va, ya vaaaa!
El conductor que me persigue agita las brazos con furia y balbucea algo que no entiendo..¡Piiii, piiiiiiiiiii!, el claxon de su vehículo suena casi como si fuera un insulto.
¡En marcha..por fin, y acelero..es un decir!¡Que ganas de estar en casa!
El inquieto conductor que circula tras de mi decide adelantarle, ¡Ya era hora!, presuroso y alterado pasa por mi izquierda, gira su cabeza como haciendo un escorzo y me mira con una honda expresión de desprecio, yo le sonrío..-¡Que prisas, chico, habrá que verte a las 8 de la mañana!-
¡Ahi están otra vez..son los peces!, los hay de muchos tipos; grises, oscuros, de colores.. también los hay grandes o pequeños, los veo de perfil avanzando lentos y esquivandose unos a otros, los veo de frente, planos, casi imperceptibles, algunos burbujean y me rodean dando vueltas sobre mi..otros me miran de frente y me desafían..con esfuerzo trato de aferrerme a los que me gustan, los alegres o los bonitos..los demás, prefiero no mirarlos.
Suspiro y cambio de marcha, a lo lejos solo veo esferas verdes y alguna amarilla ,cambian y parpadean formando junto a las farolas anaranjadas una especie de árbol de navidad, algo monótono.Por mi derecha avanza lenta otra conductora, cruzo mi mirada con ella, casi puedo sentir esa punzada leve que todos sentimos en la nuca cuando alguien nos mira, la rodean cientos de peces, parece triste y cansada, sin embargo sus ojos brillan..Es la vida, al fondo del camino siempre hay una luz que brilla fuerte.
Aparco y salgo del coche, salgo tambien de la pecera.Una bocanada de aire fresco alivia mis pulmones, la calle amplia y el espacio abierto oxigenan mi mente, estiro las piernas y respiro, la noche es oscura y fresca.
Atras queda el coche y un largo dia de trabajo y junto a mi un único pensamiento; "si fuera un pez, preferiria el immenso mar para nadar"..
Desde la calle veo mi casa, la calida luz de la ventana arropa mi alma, pero el dia aun no ha terminado, ¡me queda algo por hacer!..asi que, me cambio, me pongo las zapatillas y me voy a correr... o a nadar.
¡Ya tendré tiempo de volver a la pecera!.
La pecera
¡Adios!
jueves, 17 de noviembre de 2011
OTOÑO 2011: EN LA PARTE BAJA DE LA CIUDAD.
Hola!!
No se hasta cuando aguantara mi cuerpo, ni cuando mis piernas dirán basta y dejaran de ser fuertes para calzarse varias veces a la semana unas zapatillas de correr..solo se que este gesto es mucho mas que el propio gesto, saltar la valla del día a día y quemar miles de pensamientos en los caminos de la parte baja de la ciudad es la propia respiración de mis pulmones, la sabia que recorre mis venas acompañando a mi sangre.
Cada día,espero al momento y me olvido de todo, me oculto en mi yo mas positivo y bajo al pequeño mundo de pequeñas historias creado en la ruta del río Turia, y antes de empezar, miro alrededor, sintonizo mi cuerpo y a la voz de tres empiezo a trotar..todo lo demás acaba ahí y comienzan los sueños.
Entro en el camino y salgo de mi vida, los demás corredores son iguales a mi, las vidas distintas se vuelven una solo vida, los problemas, las miserias, los golpes de una realidad llena de monstruos quedan en la parte alta de ciudad, aquí la brisa del río mece los arboles y los corredores mezclamos nuestras miradas llenas de brillo con nuestras zapatillas llenas de polvo.
La parte alta se difumina, queda atrás, a lo lejos el cemento rasca el cielo con sus puntiagudos edificios, el río esta mas allá de los techos de color gris ,dejo sueltos mis pensamientos y todo cobra sentido, los colores del cielo, la alegría , la amistad, la solidaridad, la propia vida, todo resulta mas sencillo en la parte baja, allí arriba ,en el barullo de la parte alta, se pierde todo lo demás.
Mientras corro, siento el flechado positivo de mi corazón en cada zancada y los problemas quedan diluidos en el bienestar de adrenalina que se dispara con el esfuerzo, el aire parece cargado de una belleza distinta ,no hay competitividad, ni envidias, ni recelos, ni ganadores ni vencidos, solo la lucha personal y el respeto por los demás, quisiera cargar todo esto en una gran pila y llevármelo arriba, a la parte alta, donde abunan los largos caminos llenos de soledad.
La música me acompaña cada día a la parte baja de la ciudad, amiga inseparable a lo largo de mi vida y aliada en mi viaje diario a mi mundo interior.Melodías del pasado que esbozan mi sonrisa mas optimista y canalizan mi esperanza, llenando mi cabeza de imágenes y de recuerdos fantásticos.Música que envuelve mi corazón y lo optimiza para que dé lo mejor de si, música que desde el cerebro alcanza las piernas dotándolas de una fuerza que en realidad no poseen, me hace mirar al frente en el camino y avanzar estremecido por una sensación que me arrebata los sentidos liberando mi mente de las ataduras de la parte alta de la ciudad.
Termino de entrenar y tengo que volver arriba.Entonces me doy cuenta que aquí abajo, a cinco metros bajo la superficie del asfalto, la ciudad carece de sentido, la prisa resulta absurda, las distancias se acortan, no hay nada que limite mis pasos y puedo sentir en mi piel la dulce caricia del viento que sopla entre las largas ileras de pinos.
¡Ya puedo volver arriba!, después de correr me siento mas preparado para saltar los grandes muros que obstaculizan los caminos de la parte alta de la ciudad.
Rio Turia (Valencia)
Parte baja de la ciudad
¡Adios!
No se hasta cuando aguantara mi cuerpo, ni cuando mis piernas dirán basta y dejaran de ser fuertes para calzarse varias veces a la semana unas zapatillas de correr..solo se que este gesto es mucho mas que el propio gesto, saltar la valla del día a día y quemar miles de pensamientos en los caminos de la parte baja de la ciudad es la propia respiración de mis pulmones, la sabia que recorre mis venas acompañando a mi sangre.
Cada día,espero al momento y me olvido de todo, me oculto en mi yo mas positivo y bajo al pequeño mundo de pequeñas historias creado en la ruta del río Turia, y antes de empezar, miro alrededor, sintonizo mi cuerpo y a la voz de tres empiezo a trotar..todo lo demás acaba ahí y comienzan los sueños.
Entro en el camino y salgo de mi vida, los demás corredores son iguales a mi, las vidas distintas se vuelven una solo vida, los problemas, las miserias, los golpes de una realidad llena de monstruos quedan en la parte alta de ciudad, aquí la brisa del río mece los arboles y los corredores mezclamos nuestras miradas llenas de brillo con nuestras zapatillas llenas de polvo.
La parte alta se difumina, queda atrás, a lo lejos el cemento rasca el cielo con sus puntiagudos edificios, el río esta mas allá de los techos de color gris ,dejo sueltos mis pensamientos y todo cobra sentido, los colores del cielo, la alegría , la amistad, la solidaridad, la propia vida, todo resulta mas sencillo en la parte baja, allí arriba ,en el barullo de la parte alta, se pierde todo lo demás.
Mientras corro, siento el flechado positivo de mi corazón en cada zancada y los problemas quedan diluidos en el bienestar de adrenalina que se dispara con el esfuerzo, el aire parece cargado de una belleza distinta ,no hay competitividad, ni envidias, ni recelos, ni ganadores ni vencidos, solo la lucha personal y el respeto por los demás, quisiera cargar todo esto en una gran pila y llevármelo arriba, a la parte alta, donde abunan los largos caminos llenos de soledad.
La música me acompaña cada día a la parte baja de la ciudad, amiga inseparable a lo largo de mi vida y aliada en mi viaje diario a mi mundo interior.Melodías del pasado que esbozan mi sonrisa mas optimista y canalizan mi esperanza, llenando mi cabeza de imágenes y de recuerdos fantásticos.Música que envuelve mi corazón y lo optimiza para que dé lo mejor de si, música que desde el cerebro alcanza las piernas dotándolas de una fuerza que en realidad no poseen, me hace mirar al frente en el camino y avanzar estremecido por una sensación que me arrebata los sentidos liberando mi mente de las ataduras de la parte alta de la ciudad.
Termino de entrenar y tengo que volver arriba.Entonces me doy cuenta que aquí abajo, a cinco metros bajo la superficie del asfalto, la ciudad carece de sentido, la prisa resulta absurda, las distancias se acortan, no hay nada que limite mis pasos y puedo sentir en mi piel la dulce caricia del viento que sopla entre las largas ileras de pinos.
¡Ya puedo volver arriba!, después de correr me siento mas preparado para saltar los grandes muros que obstaculizan los caminos de la parte alta de la ciudad.
Rio Turia (Valencia)
Parte baja de la ciudad
¡Adios!
lunes, 31 de octubre de 2011
MEDIO MARATON DE VALENCIA 2011: 1H, 50' 45" CORRIENDO
Hola!!
Domingo dia 23 de octubre de 2011.
Medio Maratón de Valencia, 21 km (y pico) en 1h, 50' 45" a ritmo de 5'10" por km.
No me cabe duda, es así.Correr es como una llave que abre puertas interiores y otras exteriores, un camino hacia la introspección personal y el conocimiento propio..y así debe ser, al menos para mi.
Correr..entrenar, terminar una carrera, sentir el esfuerzo y al final, descansar..y mientras, pensar, sonreír y disfrutar, eso es correr, un cúmulo complejo de sensaciones que se esparcen por todo el cuerpo para filtrarse después en las entrañas del alma..y desde allí, con calma, echar un vistazo al interior de nuestro propio ser.
El pasado domingo dia 23 de octubre corrí 21 kilómetros (y pico), en 1h, 50' y 45", mi tercer Medio Maratón de la ciudad de Valencia, mucho tiempo corriendo..disfrutando, pensando, sintiendo, ¡mejor que mejor!.
Ser un corredor lento tiene sus ventajas, permite alargar la experiencia mucho mas tiempo, asumir esa lentitud y convivir con ella supone dar un paso mas hacia la excelencia como corredor,¡o al menos, yo lo veo así!.¡Quiero mejorar día a día pero, sobre todo, quiero seguir corriendo!.
Y lento,lento..aferré mis piernas al suelo y comencé a correr, durante dos horas solo estoy yo..y la ciudad.¡Vamos allá!
La linea de salida es un auténtico remolino de emociones, de idas y venidas, de saludos, de abrazos, de nervios, de despedidas y de reencuentros.Los familiares quedan al margen, expectantes y miles de corredores se agolpan en muy poco espacio, tan iguales pero tan diferentes, y todos ellos con la mirada fija en un único punto, la linea de salida y el recorrido.A un minuto del inicio, el tiempo se para y una corriente eléctrica se extiende como una ola entre todos los participantes.Como en un concierto de Rock, los prolegómenos se llenan de expectación y de pronto, se escucha un disparo..¡Plassss!, gritos, aplausos..primer acorde, guitarra eléctrica, ¡que empiece el concierto!¡A correr..a bailar!
Al principio la carrera no acelera, es imposible, desentrañar la tela de araña formada por el tupido pelotón no es tarea fácil, cada corredor va tomando posiciones abriendo su hueco entre la multitud.Miro hacia arriba, como queriendo tomar aire, pero vuelvo rápidamente la mirada al suelo, corro a pequeños saltitos intentando no tropezar.Cuando puedo, miro a un lado y a otro, desde el centro de la calzada y engullido por la enorme jauría multicolor, la ciudad parece diferente, mas grande, hinchada, casi inabarcable.De pronto, los 21 km me parecen una eternidad.
Al paso por el km 3, la carrera, por fin, se va estirando, la compacta mancha de corredores apilados unos contra otros se transforma en una fila eterna de figuras variopintas y sufridas.Mis piernas,ya calientes, adquieren una cadencia cómoda y regular y el piloto automático, casi por instinto, toma el control de mi cuerpo.A mi alrededor se agolpan las señales y los recuerdos, el influjo de la ciudad cae sobre mi..corro, siento, recuerdo..km 4, km 5...km 10.
Esta mañana, por alguna razón, tengo la mente despejada y lúcida, no hay interpretaciones solo evidencias.El aire fresco, el cielo gris y brumoso que cubre toda la ciudad, los suspiros y jadeos de los demás corredores, los gritos de ánimo, todo es sencillo, fácil y lógico, el circuito de ordenes y de impulsos que viajan desde la cabeza al resto de cuerpo parece mas coherente que nunca, puedo sentir el funcionamiento de mis órganos y mi propia respiración..lenta, tranquila,regular..km 15, km 16...17.
Llega el cansancio, es lógico, la carrera transita por el km 18.Regulo el esfuerzo, desconecto el piloto automático y tomo el control de mi propio cuerpo.Los sonidos se mezclan, algunos corredores aceleran y otros luchan por mantener su ritmo, los altavoces de la meta se escuchan a lo lejos, los gps chirrían emitiendo pequeños pitidos mientras sus dueños resoplan soñando con el respiro final.
Km 21..corro lento, muy lento, tan lento que casi puedo percibir mi propia evolución en el camino.¡Y así debe ser, al menos para mi!
Algún día, lentamente, trataré de multiplicar por dos los 21 kilómetros de hoy.
Medio Maratón 2009
Medio Maratón 2010
2011 y corriendo
¡Adios!
Domingo dia 23 de octubre de 2011.
Medio Maratón de Valencia, 21 km (y pico) en 1h, 50' 45" a ritmo de 5'10" por km.
No me cabe duda, es así.Correr es como una llave que abre puertas interiores y otras exteriores, un camino hacia la introspección personal y el conocimiento propio..y así debe ser, al menos para mi.
Correr..entrenar, terminar una carrera, sentir el esfuerzo y al final, descansar..y mientras, pensar, sonreír y disfrutar, eso es correr, un cúmulo complejo de sensaciones que se esparcen por todo el cuerpo para filtrarse después en las entrañas del alma..y desde allí, con calma, echar un vistazo al interior de nuestro propio ser.
El pasado domingo dia 23 de octubre corrí 21 kilómetros (y pico), en 1h, 50' y 45", mi tercer Medio Maratón de la ciudad de Valencia, mucho tiempo corriendo..disfrutando, pensando, sintiendo, ¡mejor que mejor!.
Ser un corredor lento tiene sus ventajas, permite alargar la experiencia mucho mas tiempo, asumir esa lentitud y convivir con ella supone dar un paso mas hacia la excelencia como corredor,¡o al menos, yo lo veo así!.¡Quiero mejorar día a día pero, sobre todo, quiero seguir corriendo!.
Y lento,lento..aferré mis piernas al suelo y comencé a correr, durante dos horas solo estoy yo..y la ciudad.¡Vamos allá!
La linea de salida es un auténtico remolino de emociones, de idas y venidas, de saludos, de abrazos, de nervios, de despedidas y de reencuentros.Los familiares quedan al margen, expectantes y miles de corredores se agolpan en muy poco espacio, tan iguales pero tan diferentes, y todos ellos con la mirada fija en un único punto, la linea de salida y el recorrido.A un minuto del inicio, el tiempo se para y una corriente eléctrica se extiende como una ola entre todos los participantes.Como en un concierto de Rock, los prolegómenos se llenan de expectación y de pronto, se escucha un disparo..¡Plassss!, gritos, aplausos..primer acorde, guitarra eléctrica, ¡que empiece el concierto!¡A correr..a bailar!
Al principio la carrera no acelera, es imposible, desentrañar la tela de araña formada por el tupido pelotón no es tarea fácil, cada corredor va tomando posiciones abriendo su hueco entre la multitud.Miro hacia arriba, como queriendo tomar aire, pero vuelvo rápidamente la mirada al suelo, corro a pequeños saltitos intentando no tropezar.Cuando puedo, miro a un lado y a otro, desde el centro de la calzada y engullido por la enorme jauría multicolor, la ciudad parece diferente, mas grande, hinchada, casi inabarcable.De pronto, los 21 km me parecen una eternidad.
Al paso por el km 3, la carrera, por fin, se va estirando, la compacta mancha de corredores apilados unos contra otros se transforma en una fila eterna de figuras variopintas y sufridas.Mis piernas,ya calientes, adquieren una cadencia cómoda y regular y el piloto automático, casi por instinto, toma el control de mi cuerpo.A mi alrededor se agolpan las señales y los recuerdos, el influjo de la ciudad cae sobre mi..corro, siento, recuerdo..km 4, km 5...km 10.
Esta mañana, por alguna razón, tengo la mente despejada y lúcida, no hay interpretaciones solo evidencias.El aire fresco, el cielo gris y brumoso que cubre toda la ciudad, los suspiros y jadeos de los demás corredores, los gritos de ánimo, todo es sencillo, fácil y lógico, el circuito de ordenes y de impulsos que viajan desde la cabeza al resto de cuerpo parece mas coherente que nunca, puedo sentir el funcionamiento de mis órganos y mi propia respiración..lenta, tranquila,regular..km 15, km 16...17.
Llega el cansancio, es lógico, la carrera transita por el km 18.Regulo el esfuerzo, desconecto el piloto automático y tomo el control de mi propio cuerpo.Los sonidos se mezclan, algunos corredores aceleran y otros luchan por mantener su ritmo, los altavoces de la meta se escuchan a lo lejos, los gps chirrían emitiendo pequeños pitidos mientras sus dueños resoplan soñando con el respiro final.
Km 21..corro lento, muy lento, tan lento que casi puedo percibir mi propia evolución en el camino.¡Y así debe ser, al menos para mi!
Algún día, lentamente, trataré de multiplicar por dos los 21 kilómetros de hoy.
Medio Maratón 2009
Medio Maratón 2010
2011 y corriendo
¡Adios!
lunes, 17 de octubre de 2011
UN ENTRENAMIENTO JUNTO AL MAR
Viernes, 30 de septiembre de 2011.
Son las 7:20 de la mañana y hoy es mi último día de vacaciones.Tranquilo y relajado, me asomo a la ventana, la noche del postrero día de septiembre resiste firme al perezoso amanecer otoñal.El cielo, aun oscuro, huele a limpio y a lo lejos suena una tormenta que se va camino de las montañas dejando tras de si una brisa alegre que sopla deslizándose por debajo de las nubes.
¡Mi último día de vacaciones y ha decidido hacerme un regalo!
Inspiro profundamente, vuelvo a mirar a la calle como saboreando el tiempo y regreso al interior de la habitación, aquí el aire es mas cálido y acogedor, Amparo, sentada en la cama, me mira dulcemente, ella si que tiene que trabajar y ya arreglada esboza una media sonrisa que llega hasta mi acompañando a ese espíritu brillante y firme que tanto me gusta..
-¡Amparo, me voy a correr a la playa!¡Te llevo a la oficina y me voy a la playa!
-Pero hombre..¿que estas diciendo?, ¡quedate descansando que es tu último día!.Su media sonrisa es ahora mas pétrea y sus ojos se llenan de una infinita paciencia.Yo la miro, pero no le digo nada..mis ojos son lo suficientemente expresivos; "Lo tengo claro, es mi regalo, iré a correr junto al mar".
Casi a las 8 de la mañana, Valencia parece el escenario de un gran teatro lleno de máscaras, cientos de personas, silenciosas y monótonas, surgen de la nada y avanzando como autómatas mezclan sus frías miradas con las reflejos de los semáforos, danzan de un lado a otro cumpliendo su papel como piezas de un inmenso puzzle donde todo encaja gracias a la inercia
¡Un beso y hasta luego!..¡Animo!, Amparo se va camino de su oficina, antes de entrar se gira y me regala otra sonrisa, mi corazón queda en paz y las ganas de correr de multiplican, la ciudad ya no me inquieta,en sus calles dejo olvidada la prisa, al fondo de la Avda del Puerto ya intuyo el sol que despunta desde el horizonte y allí..me espera el mar.
8:20, desde el coche casi no veo la playa, la mañana se esconde amparada en la penumbra de las viejas farolas.Apenas hay coches, solo tranquilidad y silencio, aparco y por un instante me relajo en el asiento.El Paseo de la Malvarrosa es un lugar solitario, ajeno al perturbador bullicio que se despliega solo a unos metros de allí.¡Que extraño!,Valencia y su playa son como dos planos paralelos envueltos en un mismo universo, se ignoran, se desean, se olvidan y se encuentran, juegan a esquivarse pero están condenadas a entenderse, lastima que la realidad, muchas veces, levante muros irreconcilliables entre ellas.
Sin prisas, bajo del coche y miro al inmenso mar..lo abrazo con mis ojos en una mirada llena de calma y comienzo a calentar como a cámara lenta. A mis espaldas la ciudad ya no existe, queda engullida por la noche que aun la envuelve y frente a mi, el agua del mar mediterraneo es como un fino lienzo plateado cuya linea se confunde con la del cielo en el cruce de caminos en que se juntan la tierra y el mar.
Por fin..miro al frente y comienzo a correr en dirección al norte.Mis piernas están pesadas y mi cuerpo, algo débil, responde con cierta pereza a los estímulos del esfuerzo.Sigo a la brisa o ella me sigue a mi, me balancea cuando sopla fuerte o me acaricia, como una mano invisible, cuando sopla mas lenta, su pureza marina y fresca oxigena mis músculos y alivia mis pulmones, la estancada polución de la ciudad es solo un vago recuerdo..
Voy aumentando el ritmo, el paseo ante mi es inacabable y ancho, al fondo entre la bruma veo lo edicicios de Port Saplaya y sigo avanzando, a mi derecha esta el mar, denso y brillante, apenas se mueve pero noto todo su poder, el sol esquivo sube lento desde el horizonte y danza entre las nubes del amanecer dibujando su contorno con unas gruesas lineas rojizas y anaranjadas.De pronto..se abre paso entre ellas lanzando unos enormes haces de luz que acarician el mar.La mañana suavemente toma el día y yo corro hacia el norte.A pleno rendimiento, es el sonido del mar el que guia mis zancadas.
Acaba el paseo y doy la vuelta, ahora tengo el mar a mi izquierda, su sonido me atrapa, es como si me atrajera hacia él y por fin dejo el duro asfalto y bajo a la arena, corro solo por la orilla en dirección al sur, el agua espumosa casi toca mis zapatillas, a lo lejos veo las grúas del puerto y un enorme barco que devuelve el reflejo brillante del sol.
Son casi las 9:30, llevo mas de una hora corriendo, en total 12 kilómetros, es hora de parar, así que detengo mis pasos y me siento a descansar al borde de la orilla, las olas son cada vez mas ruidosas y el sol ha difuminado los colores para trasformarlos en luz, pero todo transcurre despacio, al ritmo que marca el lento transito de la tierra por el universo.
A mis espaldas la ciudad ya no recuerda ningún amanecer, incapaz de frenar su alocada carrera, hace tiempo que olvido el pulso autentico de la vida.
Es hora de volver al trabajo y a la ciudad.¡Es mi último día de vacaciones y correr por la playa ha sido un bonito regalo!¡Procuraré no olvidar jamas el ritmo del mar!.
Entrenamiento junto al mar.
Amanecer Playa de Pinedo (Valencia)
¡Adios!
Son las 7:20 de la mañana y hoy es mi último día de vacaciones.Tranquilo y relajado, me asomo a la ventana, la noche del postrero día de septiembre resiste firme al perezoso amanecer otoñal.El cielo, aun oscuro, huele a limpio y a lo lejos suena una tormenta que se va camino de las montañas dejando tras de si una brisa alegre que sopla deslizándose por debajo de las nubes.
¡Mi último día de vacaciones y ha decidido hacerme un regalo!
Inspiro profundamente, vuelvo a mirar a la calle como saboreando el tiempo y regreso al interior de la habitación, aquí el aire es mas cálido y acogedor, Amparo, sentada en la cama, me mira dulcemente, ella si que tiene que trabajar y ya arreglada esboza una media sonrisa que llega hasta mi acompañando a ese espíritu brillante y firme que tanto me gusta..
-¡Amparo, me voy a correr a la playa!¡Te llevo a la oficina y me voy a la playa!
-Pero hombre..¿que estas diciendo?, ¡quedate descansando que es tu último día!.Su media sonrisa es ahora mas pétrea y sus ojos se llenan de una infinita paciencia.Yo la miro, pero no le digo nada..mis ojos son lo suficientemente expresivos; "Lo tengo claro, es mi regalo, iré a correr junto al mar".
Casi a las 8 de la mañana, Valencia parece el escenario de un gran teatro lleno de máscaras, cientos de personas, silenciosas y monótonas, surgen de la nada y avanzando como autómatas mezclan sus frías miradas con las reflejos de los semáforos, danzan de un lado a otro cumpliendo su papel como piezas de un inmenso puzzle donde todo encaja gracias a la inercia
¡Un beso y hasta luego!..¡Animo!, Amparo se va camino de su oficina, antes de entrar se gira y me regala otra sonrisa, mi corazón queda en paz y las ganas de correr de multiplican, la ciudad ya no me inquieta,en sus calles dejo olvidada la prisa, al fondo de la Avda del Puerto ya intuyo el sol que despunta desde el horizonte y allí..me espera el mar.
8:20, desde el coche casi no veo la playa, la mañana se esconde amparada en la penumbra de las viejas farolas.Apenas hay coches, solo tranquilidad y silencio, aparco y por un instante me relajo en el asiento.El Paseo de la Malvarrosa es un lugar solitario, ajeno al perturbador bullicio que se despliega solo a unos metros de allí.¡Que extraño!,Valencia y su playa son como dos planos paralelos envueltos en un mismo universo, se ignoran, se desean, se olvidan y se encuentran, juegan a esquivarse pero están condenadas a entenderse, lastima que la realidad, muchas veces, levante muros irreconcilliables entre ellas.
Sin prisas, bajo del coche y miro al inmenso mar..lo abrazo con mis ojos en una mirada llena de calma y comienzo a calentar como a cámara lenta. A mis espaldas la ciudad ya no existe, queda engullida por la noche que aun la envuelve y frente a mi, el agua del mar mediterraneo es como un fino lienzo plateado cuya linea se confunde con la del cielo en el cruce de caminos en que se juntan la tierra y el mar.
Por fin..miro al frente y comienzo a correr en dirección al norte.Mis piernas están pesadas y mi cuerpo, algo débil, responde con cierta pereza a los estímulos del esfuerzo.Sigo a la brisa o ella me sigue a mi, me balancea cuando sopla fuerte o me acaricia, como una mano invisible, cuando sopla mas lenta, su pureza marina y fresca oxigena mis músculos y alivia mis pulmones, la estancada polución de la ciudad es solo un vago recuerdo..
Voy aumentando el ritmo, el paseo ante mi es inacabable y ancho, al fondo entre la bruma veo lo edicicios de Port Saplaya y sigo avanzando, a mi derecha esta el mar, denso y brillante, apenas se mueve pero noto todo su poder, el sol esquivo sube lento desde el horizonte y danza entre las nubes del amanecer dibujando su contorno con unas gruesas lineas rojizas y anaranjadas.De pronto..se abre paso entre ellas lanzando unos enormes haces de luz que acarician el mar.La mañana suavemente toma el día y yo corro hacia el norte.A pleno rendimiento, es el sonido del mar el que guia mis zancadas.
Acaba el paseo y doy la vuelta, ahora tengo el mar a mi izquierda, su sonido me atrapa, es como si me atrajera hacia él y por fin dejo el duro asfalto y bajo a la arena, corro solo por la orilla en dirección al sur, el agua espumosa casi toca mis zapatillas, a lo lejos veo las grúas del puerto y un enorme barco que devuelve el reflejo brillante del sol.
Son casi las 9:30, llevo mas de una hora corriendo, en total 12 kilómetros, es hora de parar, así que detengo mis pasos y me siento a descansar al borde de la orilla, las olas son cada vez mas ruidosas y el sol ha difuminado los colores para trasformarlos en luz, pero todo transcurre despacio, al ritmo que marca el lento transito de la tierra por el universo.
A mis espaldas la ciudad ya no recuerda ningún amanecer, incapaz de frenar su alocada carrera, hace tiempo que olvido el pulso autentico de la vida.
Es hora de volver al trabajo y a la ciudad.¡Es mi último día de vacaciones y correr por la playa ha sido un bonito regalo!¡Procuraré no olvidar jamas el ritmo del mar!.
Entrenamiento junto al mar.
Amanecer Playa de Pinedo (Valencia)
¡Adios!
jueves, 29 de septiembre de 2011
VOLTA A PEU DE PICASSENT (24/9/11): EN LA FRONTERA DEL TIEMPO
Hola!!
Picassent dia 24/9/11, 10800 metros en 54´45'' a una media de 5'04"
Hay algo que me gusta hacer cuando corro; abrir la mente,despejarla, vaciarla de contenido y esperar pacientemente, "a ver lo que entra en ella".En ocasiones el flujo de pensamientos es sorprendente y otras inesperado.Lo mejor es no preveer nada, abstraerse de los envoltorios de la realidad que pululan por nuestra vida y buscar con nuestra mente esa pizca de libertad salvaje de la que normalmente carecemos.
Sintonizar el canal adecuado no es fácil, son demasiados las frecuencias de ruido que nos rodean,pero cuando así sucede, correr es como un viaje al interior de nuestra alma, como si exploráramos la cara oculta de nuestro "yo" mas intimo.El sábado pasado en Picassent la antena de mi ser alcanzo una honda de frecuencia limpia y al terminar la carrera hubiera preferido seguir corriendo por no romper el embrujo.No pudo ser, al detenerme comenzaron las interferencias, en la próxima carrera trataré de encontrar el mismo dial.
Fue Picassent una carrera fronteriza, enclavada entre dos estaciones y en una de esas tardes indefinibles de calor acabado pero de humedad aun latente.En el cielo parecía librarse una titánica batalla, miles de nubes oscuras y densas estallaban a lo lejos en rayos de colores explosivos y sobre nosotros caían unas tímidas gotas de lluvia derramando con ellas un arcoiris difuso.
Pero, de pronto, la brisa dulce del mediterraneo sopló barriendo todo lo demás y reclamado su poder desde el mar. En el sur las briznas del verano no llegan a marcharse del todo.Y otra vez, el cielo brilló soltando destellos desde el horizonte, la batalla continuo en lo alto, la noche se hizo lenta y al fin, el otoño sonrió confiado llegando a lomos del viento del norte.
Corrí con fuerza toda la carrera, como poseído por una confianza inexplicable, desde la primera zancada supe que la carrera iría bien, muchas veces la lectura de los primeros metros es la que nos acompaña el resto de la carrera.Confiado y ligero pero todavía lento, no he logrado recuperar aun el estado de forma de hace unos meses pero si una cadencia mental adecuada que me conduce pacientemente por el camino del ascenso progresivo.Sin molestias y sin miedos, correr es como soltar las alas al viento un ratito cada día.
Relajado y favorecido por la electricidad reinante en el cielo, cada ráfaga de la brisa parecía atraer hacia mi una nueva corriente positiva, un pensamiento bueno y una sonrisa.
A su paso por el kilómetro 5, la carrera, oscilante y sinuosa, transcurría entre sendas rodeadas de campos, caminos pedregosos y alrededor de un gran espacio abierto donde el sol secuestrado por las nubes resistía rojizo y lejano.En mi mente, solo una palabra; ¡"avanzar, avanzar"!, y así lo hacia prendido a una autoestima renovada y llena de orgullo.
Septiembre es como una frontera, al menos para mi, durante este mes las hojas de mi calendario suman un año mas, la vida transcurre vertiginosa, imparable, casi mareante y el entorno que nos rodea favorece un gran desasosiego..quizás, algo se nos escape, algo que no volverá jamas.Correr, realmente, supone echar una mirada profunda que capte un poco mas, traspasando las obtusas lentes de nuestra vida diaria.
Los últimos kilómetros aumente el ritmo, es la euforia, la frontera del tiempo no ha detenido mi camino, el running es una carrera de resistencia cuya meta es el futuro.Carlos corre junto a mi, en realidad siempre lo hace, él y yo nos conocemos desde los cuatro años y tenemos..¡Avanzar, avanzar!.Miro al cielo y pienso en Amparo, todos tenemos alguien en la vida que suelta destellos y brilla mucho mas que una tormenta.
Entramos en la meta, casi en pararelo, ¡que pena, hay que parar!.El otoño, también reconfortante, ha vencido, el calor se marcha llevado por la brisa.¡Ojala llueva esta noche!
camino
¡Adios!
Picassent dia 24/9/11, 10800 metros en 54´45'' a una media de 5'04"
Hay algo que me gusta hacer cuando corro; abrir la mente,despejarla, vaciarla de contenido y esperar pacientemente, "a ver lo que entra en ella".En ocasiones el flujo de pensamientos es sorprendente y otras inesperado.Lo mejor es no preveer nada, abstraerse de los envoltorios de la realidad que pululan por nuestra vida y buscar con nuestra mente esa pizca de libertad salvaje de la que normalmente carecemos.
Sintonizar el canal adecuado no es fácil, son demasiados las frecuencias de ruido que nos rodean,pero cuando así sucede, correr es como un viaje al interior de nuestra alma, como si exploráramos la cara oculta de nuestro "yo" mas intimo.El sábado pasado en Picassent la antena de mi ser alcanzo una honda de frecuencia limpia y al terminar la carrera hubiera preferido seguir corriendo por no romper el embrujo.No pudo ser, al detenerme comenzaron las interferencias, en la próxima carrera trataré de encontrar el mismo dial.
Fue Picassent una carrera fronteriza, enclavada entre dos estaciones y en una de esas tardes indefinibles de calor acabado pero de humedad aun latente.En el cielo parecía librarse una titánica batalla, miles de nubes oscuras y densas estallaban a lo lejos en rayos de colores explosivos y sobre nosotros caían unas tímidas gotas de lluvia derramando con ellas un arcoiris difuso.
Pero, de pronto, la brisa dulce del mediterraneo sopló barriendo todo lo demás y reclamado su poder desde el mar. En el sur las briznas del verano no llegan a marcharse del todo.Y otra vez, el cielo brilló soltando destellos desde el horizonte, la batalla continuo en lo alto, la noche se hizo lenta y al fin, el otoño sonrió confiado llegando a lomos del viento del norte.
Corrí con fuerza toda la carrera, como poseído por una confianza inexplicable, desde la primera zancada supe que la carrera iría bien, muchas veces la lectura de los primeros metros es la que nos acompaña el resto de la carrera.Confiado y ligero pero todavía lento, no he logrado recuperar aun el estado de forma de hace unos meses pero si una cadencia mental adecuada que me conduce pacientemente por el camino del ascenso progresivo.Sin molestias y sin miedos, correr es como soltar las alas al viento un ratito cada día.
Relajado y favorecido por la electricidad reinante en el cielo, cada ráfaga de la brisa parecía atraer hacia mi una nueva corriente positiva, un pensamiento bueno y una sonrisa.
A su paso por el kilómetro 5, la carrera, oscilante y sinuosa, transcurría entre sendas rodeadas de campos, caminos pedregosos y alrededor de un gran espacio abierto donde el sol secuestrado por las nubes resistía rojizo y lejano.En mi mente, solo una palabra; ¡"avanzar, avanzar"!, y así lo hacia prendido a una autoestima renovada y llena de orgullo.
Septiembre es como una frontera, al menos para mi, durante este mes las hojas de mi calendario suman un año mas, la vida transcurre vertiginosa, imparable, casi mareante y el entorno que nos rodea favorece un gran desasosiego..quizás, algo se nos escape, algo que no volverá jamas.Correr, realmente, supone echar una mirada profunda que capte un poco mas, traspasando las obtusas lentes de nuestra vida diaria.
Los últimos kilómetros aumente el ritmo, es la euforia, la frontera del tiempo no ha detenido mi camino, el running es una carrera de resistencia cuya meta es el futuro.Carlos corre junto a mi, en realidad siempre lo hace, él y yo nos conocemos desde los cuatro años y tenemos..¡Avanzar, avanzar!.Miro al cielo y pienso en Amparo, todos tenemos alguien en la vida que suelta destellos y brilla mucho mas que una tormenta.
Entramos en la meta, casi en pararelo, ¡que pena, hay que parar!.El otoño, también reconfortante, ha vencido, el calor se marcha llevado por la brisa.¡Ojala llueva esta noche!
camino
¡Adios!
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